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El ecoturismo como horizonte

Hoy se celebra en la Argentina el Día del Ecoturismo. La jornada se instituyó en 2003 en homenaje a un personaje significativo de la historia barilochense: Francisco Moreno. Precisamente, un 31 de mayo se produjo su nacimiento, en 1852. Estableció la efeméride la Ley 25.846, como manera de realzar una práctica relativamente difundida en este país, con paisajes e itinerarios muy aptos para su desarrollo.


El concepto “ecoturismo” comenzó a acuñarse tres décadas atrás y es objeto de debate en cuanto a sus alcances concretos. En la actualidad, en general se considera que el ecoturismo representa una opción viable para la conservación del patrimonio natural y cultural de los pueblos, mientras en forma simultánea fomenta el desarrollo económico sustentable.

Los principios que rigen al ecoturismo suponen el respeto por la cultura del país anfitrión, la minimización del impacto negativo que causa la actividad turística y el apoyo a los derechos humanos. En términos nacionales, se considera que al contar con una variedad de paisajes considerables y varios entornos naturales que no han sufrido variaciones sustantivas, la Argentina es un destino de privilegio que atrae no sólo a los visitantes nacionales, sino también a los extranjeros. Los últimos, son más sensibles a las propuestas del ecoturismo.

Más allá de nuestras fronteras, ayuda traer a colación al libro “Nuestro futuro común”, al que también se conoce como Informe Brundtland. Fue obra de la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo de la ONU en 1987, grupo que contó con la dirección de la noruega Gro Harlem Brundtland. Su propósito fue encontrar medios prácticos para revertir los problemas ambientales y la insuficiencia del desarrollo.

Uno de sus aportes más importantes fue dejar en claro que la protección medio ambiental ya no era un asunto local, regional o nacional sino más bien un problema global. A raíz de esa conclusión, se supone que todos los países deben trabajar en el asunto. Además, el Informe Brundtland definió al desarrollo sostenible como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras, noción que hace suya el ecoturismo.

En 2002 se llevó a cabo en Canadá la Cumbre Mundial de Ecoturismo. Allí se discutió sobre su política y planificación, en particular sobre planes, políticas y programas a escala local, nacional e internacional. Las deliberaciones también giraron en torno a la integración de políticas en planes de desarrollo sustentable, planificación territorial, uso de parques naturales y áreas protegidas, equilibrio entre desarrollo y conservación, programas y financiación para ecoturismo y desarrollo de recursos humanos.

En esa oportunidad se dieron pasos hacia la reglamentación del ecoturismo y se analizó el desarrollo de productos, al igual que el marketing y la promoción con estudios de mercado. Se sacaron conclusiones sobre la creación de productos sostenibles, la cooperación de múltiples agentes, la educación ambiental y relaciones de colaboración entre los sectores público y privado.

También se avanzó hacia una supervisión de los costos y beneficios con su contribución a la conservación medioambiental, los efectos potenciales, la adopción de medidas preventivas, integración en la supervisión y evaluación, además de necesidades de investigación y sistemas de gestión. Las deliberaciones se centraron en la necesidad de sustentar el ecoturismo desde las perspectivas ambiental, sociocultural y económica.

Los especialistas consideran que en la práctica se presenta un problema para diferenciar al turismo ecológico de otras modalidades. Mientras por un lado existen varias definiciones de ecoturismo, todavía se carece de un organismo a nivel internacional que certifique la actividad. Además, suele suceder que la mayoría de los turistas realizan en sus viajes actividades de ecoturismo con otras que no tienen nada de ecológicas.

La Organización Mundial del Turismo y el Programa para el Medio Ambiente de las Naciones Unidas (PNUMA) difundieron diversas publicaciones en las cuales además de aportar su definición de ecoturismo, plantean recomendaciones de políticas públicas y buenas prácticas para que sea sostenible. En ese marco, no viene mal traer a colación que el ecoturismo es un subcomponente del campo del desarrollo sostenible, una forma de turismo que se centra en la naturaleza y que se caracteriza por orientarse fuertemente al desarrollo sostenible.

En consecuencia, se basa en siete componentes: contribuye a la conservación de la biodiversidad; sostiene el bienestar de la población local; incluye una experiencia de aprendizaje e interpretación; involucra la acción responsable por parte de turistas y de la industria turística; se ofrece primordialmente a grupos pequeños a través de pequeñas empresas; requiere el consumo más bajo posible de recursos no renovables y enfatiza la participación local, la propiedad y la oportunidad de negocios para la población rural. Conceptos que deberíamos conocer de memoria.

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