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Trump tiene problemas, el mundo se preocupa

Lejos de la consideración de los grandes medios de comunicación, la intervención estadounidense en Medio Oriente acusó una discreta escalada en las últimas semanas. No es casual, ya que la administración Trump enfrenta un considerable escándalo por la aparente injerencia rusa en la campaña electoral estadounidense de 2016. Además, el magnate cultiva los índices más bajos de aprobación para un presidente entrante en aquel país.


El escenario mete miedo porque no sería la primera vez que un ocupante de la Casa Blanca en problemas, recurriera a tropelías militares en el exterior para desviar la atención y encolumnar al pueblo estadounidense detrás de discursos patrioteros. En la actualidad, hay presencia militar de Estados Unidos en Siria, Irak y Afganistán, pero además el presidente propuso incrementar en 55 mil millones de dólares el presupuesto de Defensa.

Por otro lado, Trump ya amenazó con utilizar la fuerza en varias zonas candentes del planeta, entre ellas, Siria, Irán, el Sudeste de Asia, el Este europeo y la Península de Corea. Las bravatas del mandatario se relacionan íntimamente con el surgimiento de competidores que ponen en jaque el unilateralismo norteamericano, hegemonía de la cual disfrutó desde la caída de la URSS hasta no hace mucho.

El inconveniente global de contar con una súper potencia sin rivales había sido advertido por Simón Bolívar, cuando la configuración geopolítica del orbe era bastante distinta a la actual. El caraqueño había acuñado la teoría del equilibrio mundial, noción a la que configuró como meta esencial en la lucha de los pueblos. Es más, concebía su gesta como medio de establecer ese equilibrio y mantenerlo.

Mientras prevaleciera el equilibrio en la situación internacional, ésta funcionaría como una barrera de contención que frenaría cualquier designio de dominación regional o planetario. Rápidamente puede advertirse qué tanta vigencia tiene esta manera de pensar, pues buena parte de las calamidades globales tienen su origen en la abrumadora concentración de poder que descansa en sólo ocho países del mundo.

Bolívar abundó en clarividencia: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria”, profetizó una vez. Más o menos al mismo tiempo, al Norte se enunciaba la mismísima Doctrina Monroe. Por eso y más allá de Chávez o Maduro, la figura del Libertador es antipática para la Casa Blanca, ya que su ideario no encaja en sus planes de control mundial.

No está de más recordar que detrás del “América para los americanos” que consagró Monroe, se escondían los fundamentos de la doctrina imperialista estadounidense. Bolívar insertó en la Carta de Jamaica, un documento de 1815, las siguientes aseveraciones: “la Europa misma, por miras de sana política debería haber preparado y ejecutado el proyecto de la independencia americana. No sólo porque el equilibrio mundial así lo exige, sino porque ese es el medio legítimo y seguro de adquirirse establecimientos ultramarinos de comercio”.

En aquella oportunidad, el venezolano echaba mano a la diplomacia. En el pronunciamiento jamaiquino se metía en dos asuntos claves para la época y para el presente: el equilibrio y el comercio planetario, ambos temas de interés para la Europa que emergía después del descalabro que había significado Napoleón. Aquellos párrafos estaban básicamente dirigidos contra el imperio español, por entonces el enemigo que se batía en derrota.

Para Bolívar, existía una ley que regía el fenómeno del equilibrio en dos ámbitos fundamentales: naturaleza y sociedad. Esa norma indicaría que ningún equilibrio es absoluto. En el desarrollo social el equilibrio tiende a adquirir una permanencia relativa, sobre todo, tratándose de sociedades poco equitativas, como las que predominan en el mundo. En efecto, el equilibrio político choca con los designios de dominación de las grandes potencias.

En la actualidad y desde hace décadas, el más importante adversario del equilibrio mundial es Estados Unidos. Su práctica imperialista es el obstáculo más duro a sortear ante cualquier intento de integración de la América Meridional. Existen numerosas pruebas que se dieron antes, durante y después de la independencia de la zona del mundo que nos toca vivir. También en el transcurso del siglo XX y en el presente.

Sobre Bolívar, su tesis sobre el equilibrio mundial y su lucha por la integración sudamericana, Estados Unidos tuvo siempre una actitud de oposición y beligerancia. Dicen que en los documentos donde la Casa Blanca tiene plasmada su doctrina de la “guerra preventiva” hay menciones explícitas hacia el ideario bolivariano y su carácter pernicioso. ¡Cómo no! Si quizá fue el primer americano en poner en evidencia el carácter imperialista de aquellas ex colonias que se habían sacudido el yugo inglés. Lamentablemente, el presente latinoamericano tiene que ver más con la subordinación que con el desafío ante las vacilaciones de la súper potencia.

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