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Desde el periodismo hacia el derecho a la información

Se acostumbra a definir al periodismo como la actividad cuya finalidad es recolectar, sintetizar, jerarquizar y publicar información que se relacione con los hechos del presente, del pasado o inclusive, del futuro. Suele pensarse que nuestra profesión es una metodología que es útil a la hora de presentar información valiosa, ya que va de suyo, debe inspirarse en fuentes seguras y verificables. Al menos, eso debería…


Aquella información actual o de interés, llega al público a través de los medios de comunicación, en su abrumadora mayoría empresas comerciales y en menor medida, de propiedad pública o cooperativa. En general y ante la influencia que la actividad periodística tiene supuestamente sobre la sociedad, la ética periodística postula la independencia de los medios en relación a los poderes políticos y económicos. Bien sabemos por aquí que no siempre es así.

Fueron intensos los debates que se promovieron durante el anterior período gubernamental y algunos dejaron una huella indeleble en la sociedad argentina. Entre ellos sobresalió la discusión por el rol que desempeñan los grandes medios de comunicación en la conformación de las agendas políticas, en la construcción del sentido común y sobre todo, en la elaboración de representaciones.

Como sabemos, cada 7 de junio se conmemora el Día del Periodista. En ese sentido, resulta oportuno que la gente tenga presente una situación que periódicamente aflora: no necesariamente los hombres y mujeres de prensa que se desempeñan en determinado medio de comunicación, coinciden ideológica o profesionalmente con la línea editorial de la empresa para la cual trabajan.

Suelen escucharse por ahí comentarios despectivos: “los periodistas son todos chantas”. Ocurre que como en cualquier otra actividad laboral o profesional, en el ámbito del periodismo el trabajo es un bien escaso. En consecuencia, así como el oficial de Cuentas de un banco no tiene por qué coincidir con la política empresarial de la entidad para la cual trabaja, otro tanto sucede en el mundo de los trabajadores de prensa.

No necesariamente los que escriben para determinado diario capitalino son golpistas o quienes hacen otro tanto para el emblema de “la corporación” convencidos gorilas. Al comenzar el actual período gubernamental, el primero de los medios editorializó sobre la hipotética necesidad de ponerle fin a los juicios por crímenes de lesa humanidad y no mucho tiempo después, un conjunto importante de sus periodistas consideró necesario desmarcarse públicamente de ese pensamiento.

Hay que reconocer que en los últimos años quedó en evidencia con fuerza incontrastable como algunos periodistas no tienen inconveniente alguno en poner en tela de juicio su propia trayectoria si la oferta económica es sustantiva y borrar con el codo las apreciaciones que sostenían tiempo atrás. Es que la actividad periodística, amigo lector o lectora, no tiene por qué diferenciarse demasiado de las prácticas más corrientes de la sociedad en la que está inmersa. No somos más o menos especiales porque tengamos la costumbre de enfrentar una cámara, un micrófono o un teclado.

Como se sabe, los albores de la profesión se remontan al accionar de la Junta de Gobierno que asumió el poder el 25 de Mayo de 1810, cuando ordenó la puesta en circulación de un órgano oficial que plasmara en el papel el ideario de la revolución. En aquellos tiempos la actividad que se entendía por periodismo se conformaba con elementos bien distintos a los de hoy, cuando la faceta de entretener aparece desorbitada sobre las funciones de informar y educar.

En aquellos tiempos iniciales, abundaba la opinión en los periódicos y faltaban las crónicas. Dice Bartolomé Mitre en su “Historia de Belgrano”: “Para llenar los objetivos que los redactores se habían propuesto, el periódico (la Gaceta de Buenos Aires) tenía que enseñar lo contrario de lo que las leyes españolas mandaban, y despertar por este medio en los naturales la aspiración hacia un ideal desconocido; y las imaginaciones se precipitaban a su encuentro atraídas por un encanto irresistible...” Nótese que tan distantes las aspiraciones de antaño a los limitados objetivos de la actualidad. En nuestros días, es evidente que se torna urgente revisar qué periodismo hace falta para aspirar a los nuevos “ideales desconocidos” que reclama la época.

En los tiempos de la Gaceta aún no se pensaba en términos de derecho a la información, al que hoy consideramos como elemento fundamental para el desarrollo en plenitud de una sociedad democrática. La ONU definió en sus comienzos que “la libertad de información es un derecho fundamental” y quizá, “la piedra angular de todas las libertades”. Una prerrogativa de todas las personas que se da de bruces contra la concentración mediática que todavía se registra en la Argentina. Pero hoy es el Día del Periodista, quizá los primeros en sufrir los avatares de esa concentración.

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