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Atención: la salud de los océanos es la nuestra

A unos 300 kilómetros de Bariloche ruge el Océano Pacífico. Menos en realidad, si pudiera calcularse la distancia en línea recta. Inmersos en un hábitat montañoso como el que nos rodea, tendemos a perder de vista la importancia que tiene la salud de los océanos en la vida de todos nosotros. De hecho, la lluvia torrencial que caía sobre esta ciudad al momento de redactar estas líneas, seguramente era consecuencia de una tormenta que sobre los mares se había gestado.


Hay que tener presente que los océanos cubren alrededor de dos tercios de la superficie de la Tierra y son un auténtico pilar para la existencia. Generan la mayor parte del oxígeno que respiran los humanos, absorben una gran cantidad de las emisiones de dióxido de carbono y ofrecen comida, como bien sabemos cada vez que cruzamos hasta Angelmó o las cocinerías de Valdivia.

Además, los océanos proporcionan nutrientes, regulan el clima y son económicamente importantes para los países que recuestan sus actividades productivas hacia el turismo, la pesca y otros recursos marinos para sus ingresos. Por otro lado, constituyen el sostén fundamental para el comercio internacional pero de manera desgraciada, la presión humana provoca graves daños.

Las agresiones hacia los océanos se expresan a través de la sobreexplotación pesquera y la pesca ilegal, cuyas magnitudes en realidad se desconocen. También hay que contabilizar las insostenibles prácticas de acuicultura, la contaminación marina, la destrucción del hábitat, la introducción de especies invasivas, el cambio climático y la acidificación, entre otros regalos que directa o indirectamente, prodigamos a los mares y océanos.

Desde ya, la preservación de la paz y la seguridad también es crítica para el pleno disfrute de los beneficios que pueden derivarse de los océanos y el desarrollo sostenible. Hoy se conmemora a escala planetaria el Día Mundial de los Océanos, con la consigna: “Nuestros océanos, nuestro futuro”. La conmemoración coincide con la celebración de la Conferencia de los Océanos, que arrancó el pasado lunes y se extenderá hasta mañana en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.

La reunión se convocó porque la salud de la masa de agua que conforma los océanos está en estado crítico. Pese a su contribución vital en la erradicación de la pobreza, la seguridad alimentaria mundial, la salud humana, el desarrollo económico y su papel de freno al cambio climático, los océanos están cada vez más amenazados, degradados y destruidos por las actividades humanas. Así, se reduce su capacidad de proporcionar apoyo crucial a los demás ambientes.

En la actualidad, la presión sobre los ecosistemas costeros y marinos continúa en aumento, a raíz del crecimiento poblacional que tiene lugar sobre las costas. Como consecuencia, sus recursos sufren mayor estrés. La tendencia continuará, ya que puede darse por sentado el aumento de la población. En el presente, el 30 por ciento de las pesquerías padecen sobreexplotación y el 50 por ciento están explotadas en su plena capacidad.

Que los hábitats costeros están bajo presión resulta claro, con la pérdida de aproximadamente el 20 por ciento del coral y la degradación de otro 20 por ciento. Los deshechos de plástico matan un millón de pájaros y unos 100 mil mamíferos marinos por año. Se calcula que el 80 por ciento de la contaminación marina procede de actividades que se desarrollan en tierra porque precisamente, allí es donde vivimos los humanos.

Los grupos más vulnerables ante la situación son las mujeres, los niños, los indígenas y las comunidades costeras, además de los países que sufren una gran dependencia de los océanos y sus recursos marinos. De ahí la importancia de la Conferencia de los Océanos, la primera que se lleva a cabo en el ámbito de la ONU sobre la materia. La intención es que las deliberaciones puedan arribar a soluciones concretas que permitan revertir el deterioro en la salud de los océanos y los mares.

La conferencia busca promover el avance del Objetivo 14, que es parte de la Agenda 2030. Se trata del instrumento que adoptaron los 193 estados miembros de la ONU en 2015. El Objetivo hace un llamamiento para conservar y usar de forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos. En esa línea cobra relevancia la conmemoración del Día Mundial de los Océanos, que corresponde a cada 8 de junio.

Es preciso recordar su importancia fundamental en relación a la vida de la humanidad. Son los auténticos pulmones de la Tierra porque generan la mayor parte del oxígeno que se necesita para vivir. La opinión pública tiene que saber cuáles son las consecuencias que la actividad económica humana provoca en los océanos. Hace falta una gran movilización global para que se avance hacia su gestión sostenible.

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