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La Argentina, con los refugiados

A comienzos de abril fueron noticia Majd y Lana, una pareja de refugiados sirios que provenientes de Damasco, pudieron establecerse en San Luis. A las cinco semanas de arribar, asistían a clases de español y compartían que “en Argentina aprendimos a ser humanos otra vez”. Él trabajaba como cocinero y ella es escultora. Una bomba se dirigió a la casa de los padres de Majd en la Ciudad Vieja de Damasco. Hubieron de partir.


Hace años que la violencia obliga a miles de familias a abandonar sus hogares para salvar sus vidas, aunque la cantidad de refugiados creció exponencialmente después del desmembramiento de Libia y de la situación de guerra civil en Siria. Hace un año, el organismo de la Naciones Unidas para los refugiados lanzó una campaña a propósito, para pedir a los gobiernos que colaboraran y asumieran responsabilidades, ya que en la actualidad se cuentan en casi 66 millones de personas los refugiados a escala global.

El Día Mundial del Refugiado se conmemoró en la víspera y la ONU quiso resaltar “su fuerza, valor y perseverancia”. La conmemoración data de 2000, cuando la Asamblea General expresó su solidaridad con África, el continente que cobija a la mayoría de los refugiados del planeta. Se eligió la fecha para recordar la aprobación de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, que se produjo ese día de 1951.

A cada minuto, veinticuatro personas dejan sus hogares, su tierra y sus familias para huir de la guerra, la persecución o el terror. Son los desplazados por la fuerza… Si bien todos los grupos tienen elementos en común, hay diferencias. Para la ONU, los refugiados son la principal prioridad y procura su asistencia en todos los rincones del mundo. En tanto, los solicitantes de asilo son aquellos que necesitan ayuda y asesoramiento mientras se aplica el estatuto de refugiado.

Los desplazados internos son aquellas personas que huyen de sus hogares por causas similares a las que motivan la huida de los refugiados, pero no alcanzan a cruzar una frontera internacional. Nota aparte son los apátridas, aquellos que llevan adelante su vida sin contar con una nacionalidad. Se cuentan por millones las personas en el mundo que son víctimas de una suerte de limbo jurídico, que no son consideradas como ciudadanos nacionales de ningún país, situación que afecta el disfrute de sus derechos básicos. Aunque con toques de humor, es la problemática que afecta al personaje de Tom Hanks en la película “La Terminal”.

En derredor de la temática, la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y su protocolo de 1967 constituyen los instrumentos legales que amparan la protección internacional de los refugiados. Según sus previsiones, merecen como mínimo los mismos estándares de tratamiento que el resto de extranjeros en un país y en muchos casos, el mismo trato que los nacionales.

Precisamente, es la Convención de 1951 la que define quién es un refugiado. El texto establece sus derechos y también pone de relieve sus obligaciones hacia el país de acogida. El principio central de la Convención es el de no devolución. De acuerdo a ese postulado, un refugiado no debe ser devuelto a un país donde se enfrenta a graves amenazas para su vida o su libertad. Sin embargo, esta protección no pueden reclamarla los refugiados que se consideren un peligro razonable para la seguridad del país de acogida, entre ellos, aquellos que hayan recibidos condenas por un delito particularmente grave.

La Convención de 1951 establece el derecho a no sufrir expulsión, excepto bajo ciertas condiciones estrictamente definidas; el derecho a no ser castigado por entrar de manera ilegal en el territorio de un Estado firmante; el derecho al empleo remunerado; a la vivienda; a la educación pública; a la salud pública; a la libertad de religión; al acceso a los tribunales; a la libertad de circulación dentro del territorio y a contar con documentos de identidad y de viaje.

Un refugiado adquiere el derecho de acceder a otros derechos cuanto más tiempo permanezca en el país anfitrión. El concepto reconoce que cuanto más tiempo vive una persona en calidad de refugiado, más derechos necesita. A escala internacional, entiende en la problemática la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, que se estableció a fines de 1950.

En la Argentina viven cerca de 5.000 refugiados y solicitantes de la condición de refugiado, como Majd y Lana. Provienen de diferentes países de América, África, Asia y Europa pero la gran mayoría es originaria del resto de América Latina. El marco legal nacional es la Ley de Refugiados 26.165, de 2006, que puso en marcha la Comisión Nacional de Refugiados (CONARE). Ardua tarea es la que se avecina, al no cesar la violencia.

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