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El mar no nos queda tan lejos

Al tratarse de una localidad netamente cordillerana, es relativamente lógico que a los barilochenses nos quede lejos el mar. No tanto en materia geográfica, ya que las poblaciones costeras trasandinas están a escasos 300 kilómetros del Centro Cívico, sino más bien en materia de problemáticas, de importancia, de idearios y narraciones. Y sobre todo, de cultura marinera. Pero haríamos bien en reflexionar sobre un par de realidades.

Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), “el 90 por ciento del comercio mundial se realiza a través del transporte marítimo”, tráfico que depende del millón doscientos mil marinos que se desempeñan en los buques y garantizan su funcionamiento. Al tomar nota de la importancia de su labor, en 2010, la ONU estableció al 25 de junio como Día de la Gente de Mar.

Tampoco está de más recordar que, hasta mediados de la década del treinta, Bariloche orientaba más su comercio hacia el Pacífico que hacia la Pampa Húmeda, situación que los poderosos de Buenos Aires no pudieron tolerar y, mediante la imposición de barreras aduaneras, sumieron a este pueblo en una crisis de importancia de la que demoraría años en salir. No obstante, todavía persiste, en buena parte de los barilochenses –más allá de las oscilaciones cambiarias-, la costumbre de asomarse periódicamente al Seno del Reloncaví donde precisamente se advierte el siempre intenso trajinar de “la gente de mar”.

Según la descripción de la OIT, “son muchos los marinos que surcan aguas distantes de sus puertos nacionales”. De hecho, en Puerto Montt, en San Antonio Este y en todos lados, “es frecuente que la gente de mar y los armadores sean de distintas nacionalidades y que los buques naveguen con un pabellón diferente al de su origen o propietario”. Desde la perspectiva de la OIT, es necesario resaltar que “la gente de mar también se ve, a menudo, expuesta a condiciones de trabajo difíciles y a riesgos ocupacionales particulares de su profesión”.

Ocurre que, “al trabajar lejos de sus casas, los marinos son vulnerables a la explotación y a los abusos, al impago de los salarios, al incumplimiento de los contratos, y están expuestos a dietas pobres y a condiciones de vida de baja calidad. Se han dado casos de trabajadores del mar que fueron abandonados en puertos extranjeros. Sólo el cumplimiento de las normas por todas las naciones marinas puede garantizar la protección adecuada a los trabajadores en la primera industria mundial genuinamente global”, opina la OIT.

La efeméride que traemos a colación es relativamente reciente ya que fue adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas a fines de 2011. Su inspiración legal está en el Convenio Internacional sobre Normas de Formación, Titulación y Guardia para la Gente de Mar, que data de 1978. Como se firmó en la capital de Filipinas, en general, se llama al acuerdo Convención de Manila, en cuyo texto ya se instituía al 25 de junio como Día de la Gente de Mar.

La Armada de la República Argentina (ARA) trae a colación que, precisamente, 2010 fue el Año de la Gente de Mar, con la intención de “ofrecer un tributo a quienes realizan los trabajos más arduos del sector”, es decir, “los propios marinos”. Apunta la Marina nacional que “quienes trabajan en otras esferas del sector toman medidas que repercuten directamente en la vida diaria de tales marinos. Del mismo modo, las presiones extremas a las que ellos se enfrentan imponen la necesidad de abordar dichas tareas con verdadero interés y preocupación por ellos y sus familias”.

Para la Organización Marítima Internacional (OMI), ámbito especializado de la ONU, “el logro más importante de ese año se produjo, sin lugar a dudas, en el mes de junio, al adoptarse, en una conferencia diplomática, importantes enmiendas al Convenio Internacional sobre Normas de Formación, Titulación y Guardia para la Gente de Mar (STCW, según su sigla en inglés)”.

La conferencia se llevó a cabo una vez más en Manila y de las deliberaciones participó la ARA, en su carácter de autoridad de aplicación del convenio en cuestión. Con la jornada de hoy, se pretende realizar un agradecimiento a la inestimable contribución de la gente de mar, al comercio internacional y a la economía mundial, cuya labor demanda un gran sacrificio personal y familiar.

La OMI promueve la cooperación entre Estados y la industria de transporte para mejorar la seguridad marítima y para prevenir la contaminación marina. Recientes iniciativas suyas fueron la inclusión de reformas en el Convenio Internacional para la Seguridad de la Vida Humana en el Mar y en el Convenio Internacional para Prevenir la Contaminación por los Buques. Tareas ambas que también atañen a la “gente de mar”.

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