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Cartas sobre la mesa, ¿camino a un empate?

Con la presentación de las listas que competirán en las próximas elecciones legislativas, comenzó a respirarse atmósfera preelectoral en la Argentina. En una proporción importante de los casos, las PASO se sortearán a través de listas de unidad y en otros, constituirán meras formalidades que sobre todo, funcionarán como posicionamientos para posteriores negociaciones. Hecho que permite poner sobre el tapete la verdadera utilidad de la “reforma política” que se instrumentó en el segundo mandato de Cristina Fernández.


Aunque vivamos fuera de su jurisdicción, qué sucedía o dejaba de suceder en la provincia de Buenos Aires, concitó la atención de todas las miradas en las últimas semanas. No es para menos, porque la macrocefalia argentina hace que allí resida el 40 por ciento del padrón electoral. Después de las polémicas con su exministro del Interior, la expresidenta intentará retornar al Senado, ahora en nombre del Frente Unidad Ciudadana. Compartirá fórmula con Jorge Taiana, referente del Movimiento Evita. En tanto, al frente de la lista de candidatos a diputados aparecen figuras menos rutilantes.

Hubo quienes esperaron hasta último momento la unidad del peronismo en aquel distrito, ya que en 2013 y 2015, cosechó sendas derrotas. Si bien es previsible una victoria contundente de Unidad Ciudadana sobre el Frente Justicialista –el sello de Florencio Randazzo-, la realidad indica que el ex oficialismo irá dividido a la primera contienda de importancia después de abandonar el poder. Como todos sabemos, se votará en los 24 distritos del país, pero la balanza se inclinará en aquella provincia.

Precisamente, Randazzo también aspirará a ingresar a la Cámara Alta, en nombre del Partido Justicialista. En tanto, la alianza entre los sectores que lideran Sergio Massa y Margarita Stolbizer protagonizó un cierre de coaliciones un tanto escandaloso, al pegar un portazo de último momento Libres del Sur, la agrupación que tiene como referente a Victoria Donda. Cosas de la política criolla, el enojo rupturista se limita a la jurisdicción bonaerense, ya que el entendimiento 1País continúa vigente en Capital Federal.

Ante la vuelta a los primeros planos de Cristina Fernández, el oficialismo puso en la primera fila a furiosos antikirchneristas, cuya trayectoria como “denunciadores” es bien conocida. Los alfiles de Cambiemos en provincia de Buenos Aires serán el actual ministro de Educación de la Nación, Esteban Bullrich, Gladys González -ex interventora del SOMU- y Graciela Ocaña, alguien quien conoce al kirchnerismo desde dentro (fue ministra de Salud de la expresidenta). En tanto, en Ciudad de Buenos Aires, competirá la eterna Elisa Carrió. Opositores a la oposición, como sentenció algún columnista. 

Hay que esperar considerable virulencia discursiva en las semanas que faltan hasta la fecha clave de agosto, porque la verdad es que en los hechos, el gobierno no tiene mucho que mostrar. La economía no despega y los índices son negativos en la mayoría de los casos. En consecuencia, habrá que prepararse para interminables diatribas sobre la corrupción en el período anterior, acusaciones de demagogia y demás latiguillos que hasta el momento, le dieron resultado al elenco gobernante.

De manera previsible, los portavoces de Cambiemos vociferarán contra el “pasado”, porque no hay brotes verdes sólidos, la lluvia de inversiones jamás se produjo y los indicadores sociales –pobreza, indigencia y desempleo- son realmente pasmosos. El lector de esta columna sabe que fuimos y somos críticos de la noción de “década ganada” pero hasta el momento, la gestión actual no hizo otra cosa que complicar la vida de las grandes mayorías.

Desde que asumió y hasta ayer nomás, Cambiemos pone en práctica un ajuste insensible que tuvo en los pensionados y en los discapacitados sus víctimas más recientes. Pero al mismo tiempo, no alcanza a satisfacer las demandas de los sectores más concentrados de la economía, que observan con particular preocupación la magnitud del déficit fiscal y el retraso cambiario, entre otras asignaturas pendientes de la agenda neoliberal más clásica.

De ahí que las listas de candidatos de Cambiemos no sólo se pensara para seducir al electorado que podría fugarse hacia algunos sectores de la oposición, sino para satisfacer a los grupos empresariales más adversos al “populismo”. Hay que recordar que en ese sentido, Bullrich tiene en su haber el hecho de terminar con la paritaria docente nacional, objetivo que muchos empresarios quisieran ver coronado en sus respectivos sectores.

Es curioso pero además interesante para el análisis, que las grandes agrupaciones nacionales aspiren a triunfar con guarismos que años atrás, eran para secundar. En efecto, tanto el oficialismo como las principales expresiones de la oposición, sueñan con arañar el 35 por ciento. Saben que en la Argentina de 2017, nadie tiene mayoría propia. Resta ver qué grado de funcionamiento podrá adquirir el país con esa suerte de empate.

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