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La fuerza de seguridad más vieja ante las nuevas necesidades

Entre las fuerzas de seguridad, quizá sea Prefectura la más veterana. En forma rápida, la Primera Junta de Gobierno advirtió la necesidad de contar con una autoridad marítima y así formalizó su funcionamiento. Aquel gobierno inaugural emitió un decreto el 25 de junio de 1810, por el cual dispuso que la Capitanía de Puerto se le subordinase, ya que hasta ese momento, formalmente era parte de la Comandancia de Marina que los realistas mantenían en Montevideo.


Como era su estilo y sin perder tiempo, cinco días más tarde, el mismísimo Mariano Moreno, que se desempeñaba como secretario de Gobierno y Guerra de la Junta, nombró a Martín Thompson capitán de Puertos de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por eso se considera que el Día de la Prefectura Naval Argentina es precisamente, el 30 de junio. Así que el viernes la fuerza cumplirá 207 años de existencia.

Durante las épocas virreinales ya existían antecedentes. Desde 1793, una ordenanza del rey reglamentaba la “policía general de los puertos y otros cualesquiera fondeaderos a cargo de los Capitanes de Puertos y las demás obligaciones de éstos”. El organismo tenía como funciones la habilitación de prácticos, la inspección de las condiciones de seguridad de los buques, actuaciones sumariales ante peripecias de la navegación, delitos y contravenciones.

El incremento de la navegación y el comercio en el puerto de Buenos Aires había provocado que las autoridades españolas establecieran la Capitanía de Puerto en 1756, como institución encargada de cubrir en forma específica la policía de seguridad de la navegación y de los puertos. Asumió el nuevo organismo el reemplazo de adelantados, gobernadores, alguaciles mayores y otras autoridades capitulares.

Thompson se había destacado durante las invasiones inglesas y como adhirió a la Revolución de Mayo, perdió su grado de alférez de fragata en la armada del rey, pero Buenos Aires le otorgó el grado de teniente coronel. Su hogar había sido centro de las artes y las ideas revolucionarias. Fue allí donde se ejecutó por primera vez el Himno Nacional, acontecimiento en el que estuvieron presentes entre otros, San Martín y Balcarce, además de Vicente López y Planes.

Su labor como capitán de Puerto se extendió hasta 1815. Fue iniciativa suya el Reglamento para las Capitanías de 1814, el fomento de los puertos de Ensenada y Barracas y los reglamentos relativos a la construcción de buques, la prohibición de arrojar lastres al agua y las embarcaciones en puerto. Ascendió a coronel en 1816, marchó en una misión diplomática a Estados Unidos y falleció el 23 de octubre de 1819 de regreso. Su cuerpo fue arrojado al mar.

Desde que Moreno estampó su firma en aquel decreto, la autoridad marítima del país es la Prefectura. Idéntica jerarquía se estableció más tarde en la Ley General 18.398 y en la Ley de la Navegación 20.094. Además, otro considerable cuerpo legislativo fija en forma coincidente el amplio perfil de sus competencias. Pero además, ostenta una tradición histórica y funcional que la identifica como el órgano a través del cual el Estado ejerce la policía de seguridad en el rubro navegación.

Por otro lado, es el órgano de aplicación de los convenios internacionales que firmó la Argentina, relativos a la seguridad de la vida en el mar. Además y de acuerdo a los tiempos que corren, también entiende en la prevención y la lucha contra la contaminación. Por otro lado, cumple funciones que tienen que ver con el ejercicio de las obligaciones que tiene el país en materia de Estado de abanderamiento y Estado rector del puerto.

En el panteón de los héroes de la Prefectura, se destaca Manuel Mantilla, quien sin embargo, no perteneció a la fuerza. En su último mandato en la Cámara de Diputados (1896), Mantilla presentó un proyecto de ley que establecía la naturaleza jurídica de la institución, a la vez que especificaba sus deberes, atribuciones y jurisdicción. Hasta entonces, ésta se regía por disposiciones relativas a la Policía Marítima y Portuaria, que reconocían como antecedente a las Ordenanzas Generales de 1793, obviamente adecuadas al nuevo ordenamiento nacional.

Como las demás fuerzas de seguridad y armadas, el rol de la Prefectura se redefine en función de la nueva configuración geopolítica del planeta, donde los conflictos se desarrollan en función del control de los recursos naturales y ya no por cuestiones ideológicas. En ese sentido, el extenso litoral marítimo argentino, sus grandes ríos, acuíferos y lagos, entre ellos, el Nahuel Huapi, convierten al país en pieza apetecible para las grandes potencias. Allí debería montar guardia la Prefectura para hacer ejercicio de las nuevas nociones de soberanía.

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