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Los fatalismos históricos no existen

En Bariloche, brinda el homenaje la calle más importante. Pero no hay ciudad de la Argentina que no cuente con alguna arteria que lleve su apellido. Los homenajes se suceden en cada aniversario de su fallecimiento y pareciera que en el gran panteón de la historia argentina, pocos son tan indiscutidos. Fue efectivamente trascendente el rol que jugó en la organización del Estado pero Bartolomé Mitre asciende al mármol no sólo por su rol de estadista, sino también porque fue poeta, ensayista, traductor, historiador, militar, periodista y claro está, político.


Para sus seguidores intelectuales, que constituyen legiones inclusive inconscientemente, estamos frente a uno de “los constructores de la nacionalidad”. Tanto es su peso que quienes osaron oponérsele en el plano político y en las ideas, fueron vilmente excluidos de la historia del pensamiento argentino. Esa suerte corrió la mayoría, pero otros como Carlos Guido Spano, José Hernández, Ricardo Gutiérrez u Olegario Andrade, pudieron superar el muro de silencio gracias a sus excelencias literarias aunque el andamiaje cultural hegemónico siempre amputa de sus biografías su militancia antimitrista.

Suerte similar corrió Juan Bautista Alberdi. Sobre su trayectoria, se nos dice que fue fundamental su aporte a la Constitución de la República Argentina, gracias a “Las bases...”. Pero también se pone en segundo plano que a raíz de su condición de opositor al mitrismo, recibió una andanada de calumnias y el castigo del ostracismo. Pensaba y escribía Alberdi que “para gobernar a la República Argentina vencida, sometida, enemiga, la alianza del Brasil era una parte esencial de la organización Mitre-Sarmiento; para dar a esa alianza de gobierno interior un pretexto internacional, la guerra al Estado Oriental y al Paraguay vinieron a ser una necesidad de política interior; para justificar una guerra contra el mejor gobierno que haya tenido la República Oriental y el más ilustrado que haya tenido el Paraguay, era necesario encontrar abominables y monstruosos esos dos gobiernos; y (Francisco Solano) López y (Bernardo) Berro han sido víctimas de la lógica del crimen de sus adversarios”. Entre ellos, Mitre.

Para tener un marco de referencia, hay que traer a colación el período que tuvo lugar entre 1852 y 1862, en cuyo transcurso la Argentina se constituyó formalmente. Durante ese tiempo, la provincia de Buenos Aires se separó del resto de la Nación, escisión que terminó después de la vergüenza de Pavón. La formalidad resultante unificó al país a la medida de los intereses porteños.

A esa República Argentina gobernó Mitre, entre 1862 y 1868. Su gobierno se caracterizó por tres prácticas, si se ve el pasado desde la perspectiva de los intereses populares. Mientras el fundador de “La Nación” se apuró para insertar al país en el plano de las relaciones capitalistas del mercado internacional, masacró al pueblo paraguayo y reprimió en forma brutal a las provincias del interior. El resultado del proceso fue la absoluta sumisión de la Argentina al capital inglés.

Los defensores de aquellas acciones y de las que siguieron con Sarmiento, Avellaneda y Roca, las consideran de “necesidad histórica”, como si tantos genocidios tuvieran que ver con una circunstancia de orden natural y no dependieran de la voluntad política de los hombres que decidieron llevarlos adelante. Como se amparan en una suerte de fatalismo, la acción concluye en la exaltación de los Mitre, los Sarmiento o los Roca...

La “organización nacional” significó para las provincias del interior una mortandad sobre la cual muy pocos argentinos tienen noticias. El senador Nicasio Oroño contabilizó en forma contemporánea, 91 combates contra las diversas montoneras, que significaron 4.278 muertos en los enfrentamientos. Eran riojanos, catamarqueños, cuyanos, entrerrianos... En la lista no se pueden incluir los millares de víctimas de los saqueos que perpetraron los “nacionales” y tampoco mencionamos a la hecatombe de sangre paraguaya y propia que significó la Guerra de la Triple Alianza.

Según el censo de 1869, la población de la Argentina se reducía por entonces a un millón novecientos mil habitantes. Entonces, en términos proporcionales estamos frente una magnitud de víctimas que fue muy superior a la que se denuncia para la última dictadura. Sin embargo, poquísimas voces se alzan para poner de relieve ese genocidio. Creemos que en la actualidad, existe más conciencia sobre la suerte que en ese sentido corrieron los pueblos indígenas que el gauchaje del interior.

Y fue Mitre quien lo hizo, con sus gobernadores y coroneles. El lunes se cumplió un aniversario de su nacimiento y sus herederos, materiales, políticos e intelectuales, pusieron en alto su figura. Preste atención el lector e individualice a los autores de los panegíricos, muy probablemente los encuentre cerca del pensamiento neoliberal, excluyente y poco democrático que caracteriza a vastos sectores de la política argentina.

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