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La globalización no es neutral

La marca se presenta a sí misma como de origen italiano. Incursiona en la industria textil hace décadas y a pesar de su nacimiento en la península itálica, su identificación remite a un indígena de los territorios que en el siglo XIX, Estados Unidos hizo suyos mediante la violencia colonial. Además, en su nombre está comprendida la voz “american” que como se sabe, es la manera en que se llaman a sí mismo los estadounidenses. 


Se fundó en los 70, cuando el vocablo globalización todavía no formaba parte del lenguaje cotidiano y cuando en términos operativos, nadie soñaba con la libre circulación de capitales y mercancías. Aún la URSS gozaba de notable poderío, los movimientos de liberación anticoloniales daban muestras de su vigor en África y sobre todo, en el Sudeste asiático. En Sudamérica, esa efervescencia encontró rápida respuesta con la instalación de dictaduras militares que reprimieron de manera sangrienta a las organizaciones que se consideraban revolucionarias.

Pero al menos en la Argentina, el Terrorismo de Estado se confabuló con una política económica aperturista que tuvo como objetivo terminar con el poder del movimiento obrero organizado. Antes del 76, los sindicatos con mayor cantidad de afiliados eran el metalúrgico (UOM), el mecánico (SMATA) y el de la construcción (UOCRA). Consecuencia lógica, eran los gremios con mayor capacidad de movilización e incidencia política. Que en 2017 el más poderoso sea el de los camioneros, habla mucho del perfil productivo del país.

Aquella marca italiana se especializó en jeans y en demás indumentaria que en realidad, remitía al “american way of life” de los 60 y 70. Tuvo rápido éxito y sus tiendas comenzaron a proliferar ya no sólo en el país de origen, sino también en el exterior, inclusive en Sudamérica. En 1985 comenzó su historia de fusiones con otras compañías similares y si bien cambiaron dueños y capitales, la identificación persistió, aún, dentro de las fronteras de Italia.

La empresa original cesó sus actividades a comienzos de los 90 pero mediante diversas transacciones, nuevos actores se quedaron con la marca. Para dirimir su continuidad, fue necesario recurrir a los Tribunales, porque su propiedad fue objeto de litigios judiciales. La cuestión es que más allá de algunos escándalos que inclusive terminaron con la prisión de algunos ejecutivos, entre los 70 y el presente, la marca se globalizó.

En la actualidad y más allá de su composición accionaria, al menos una parte de su producción se concreta en India, país que tiene poco de americano y menos aún de apache o sioux. Puede constatarse el dato al chequear la etiqueta de una de las prendas, que declara 100 por ciento de algodón en su composición. Nada dice sobre el origen nacional de esa materia prima, una de las que se dejó invadir por la modificación genética. Es decir, circula algodón transgénico y los usuarios de las prendas no lo saben.

India es el segundo país más poblado del planeta después de China, con 1.240 millones de habitantes. Más allá de los estereotipos que hacen pensar a ese lugar como depositario de una gran riqueza espiritual, su cantidad de población es un dato objetivo sobre las posibilidades de su fuerza de trabajo. Ahora bien, ¿qué se sabe en Occidente -si damos por sentado que la Argentina forma parte de Occidente- del movimiento obrero indio?

India forma parte de los BRIC, es decir, del conglomerado de emergentes que quisieron armar Brasil, Rusia, China y precisamente el país donde se fabrica al menos parte de la producción de la marca de origen italiano que emula indumentaria estadounidense. Una de las potencias emergentes que más se benefició de la tan mentada globalización económica o mundialización liberal.

No hace falta ser experto en historia del movimiento obrero internacional para sospechar que la tradición combativa de los trabajadores del sector textil italiano, difícilmente pueda encontrar parangón en sus pares de India. En la actualidad, la economía india es la tercera más importante del mundo y la sexta si se considera el PBI per cápita, noción que como sabemos, es un tanto tramposa. Su apertura “al mundo” arrancó en 1991 mediante las consabidas reformas pero su vertiginoso crecimiento no alcanzó a revertir altos niveles de pobreza, analfabetismo, pandemias, malnutrición y constantes vulneraciones a los derechos de las mujeres.

La misma etiqueta de letra tan chica como reveladora, informa que los productos de la trasnacional textil de origen italiano pero confección india, entran a la Argentina por una importadora y comercializadora chilena. La misma empresa -a la que por aquí asociamos sin dificultad con su local en Osorno o su presencia en los malls de Valdivia y Puerto Montt- tiene filiales obviamente en Chile, en Colombia y en Perú. Como puede advertirse, la globalización no es neutral y finiquitó la tarea que comenzaron las dictaduras.

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