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El legado de Mandela: ayudar a los demás

Para los argentinos, cada 18 de julio, se impone recordar la masacre todavía impune de la AMIA, el atentado terrorista más significativo de la historia en este país. Hecho luctuoso que lamentablemente, en los últimos tiempos, fue objeto de manipulaciones deleznables por parte de diversos sectores que quisieron valerse del dolor para restar espacio a los sucesivos gobiernos. Varios debates están abiertos en ese sentido…


Pero en el ámbito internacional, ayer se conmemoró el nacimiento de Nelson Mandela, homenaje que, hace unos ocho años, hizo suyo la ONU “para dedicar 67 minutos de nuestro tiempo a ayudar a los demás”. Es que ex líder sudafricano consagró 67 de sus años “al servicio de la humanidad, como abogado defensor de los derechos humanos, como preso de conciencia, trabajando por la paz y como primer presidente elegido democráticamente de una Sudáfrica libre”, según la semblanza de la entidad internacional.

La decisión de convertir al 18 de julio como Día Internacional de Nelson Mandela se adoptó en 2009, en reconocimiento de la contribución que aportó ex presidente de Sudáfrica a la cultura de la paz y la libertad. En su resolución pertinente, la Asamblea General reconoció los valores del militante anti apartheid y su dedicación al servicio de la humanidad a través de su labor humanitaria en los ámbitos de la solución de conflictos, las relaciones interraciales, la promoción y protección de los derechos humanos, la reconciliación, la igualdad entre los géneros, los derechos de los niños y otros grupos vulnerables, además de “la defensa de las comunidades pobres y subdesarrolladas”.

La comunidad global también reconoce su contribución a la lucha por la democracia a nivel internacional y a la promoción de una cultura de paz en todo el mundo. En consonancia con la búsqueda de realzar su figura, se instituyó el Premio Nelson Mandela, una distinción que se concede cada cinco años para destacar los logros y contribuciones de dos personas: un hombre y una mujer. Los laureados no se seleccionan de la misma región geográfica. Con el galardón, se pretende premiar a hombres y mujeres que ponen su vida al servicio de la humanidad y promueven los principios y la labor de las Naciones Unidas. El reconocimiento se interpreta como un homenaje a la vida y el legado extraordinario de Mandela en los ámbitos de la reconciliación, la transición política y la transformación social.

En 2015, los ganadores fueron la doctora Helena Ndume de Namibia y el ex presidente de Portugal, Jorge Fernando Branco Sampaio. La primera es oftalmóloga y dedicó su vida a tratar la ceguera y las enfermedades de la vista, tanto en Namibia como en el resto del mundo “en desarrollo”. Nació en Namibia y pasó temporadas de exilio en Zambia, Gambia y Angola antes de trasladarse a Alemania para estudiar medicina en la Universidad de Leipzig, donde se graduó. Ndume ayudó a que más de 30.000 namibios fueran operados de la vista y recibieran implantes de lentes intraoculares, sin costo alguno, para tratar casos de ceguera, cataratas y miopía.

En tanto, Sampaio se licenció en Derecho en la Universidad de Lisboa en 1961. Más tarde, se convirtió en uno de los líderes de la lucha por la reinstauración de la democracia en Portugal, que llegó finalmente tras la Revolución de los Claveles (1974) y el establecimiento de un régimen constitucional democrático liberal en 1976. Sampaio llevó numerosos casos ante los tribunales de la dictadura, defendió a prisioneros políticos y sacó a la luz los abusos de la Policía. También defendió a título gratuito a varias víctimas de la represión del Estado. Además, actuó en defensa de los derechos humanos como miembro de la Comisión Europea de Derechos Humanos del Consejo de Europa entre 1979 y 1984. Luego ocupó varios cargos políticos.

Durante sus años en la presidencia, se esforzó por transmitir una imagen democrática y moderna de Portugal y por lograr su reconocimiento internacional. Firme defensor del proyecto de integración europea, apoyó fervientemente su ampliación a todas las democracias de Europa y a Turquía, y promovió de forma activa la participación de los ciudadanos “de a pie”, sobre todo de los jóvenes, en los debates públicos sobre asuntos europeos, entre otros hechos destacables.

Legado del líder sudafricano son las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos, que precisamente se conocen como Reglas Nelson Mandela. La primera dice que “todos los reclusos serán tratados con el respeto que merecen su dignidad y valor intrínsecos en cuanto seres humanos. Ningún recluso será sometido a tortura ni a otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, contra los cuales se habrá de proteger a todos los reclusos, y no podrá invocarse ninguna circunstancia como justificación en contrario”. Tómese nota en la Argentina.

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