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No hay que dejar de recordar a Hiroshima

El domingo se cumplirá un nuevo aniversario del bombardeo nuclear sobre Hiroshima, conmemoración que coincidirá con la extrema sensibilidad que la sociedad rionegrina experimenta ante la decisión del gobierno nacional de instalar una central en la jurisdicción provincial, con el beneplácito de los gobernantes rionegrinos. Más allá del debate energético puntual, la ocasión es propicia para echar una ojeada sobre el panorama que puede apreciarse globalmente sobre las aplicaciones bélicas de la energía nuclear, que nunca dejó de significar una amenaza planetaria aunque goce de menos prensa desde la finalización de la Guerra Fría.

Entonces, tenemos que a inicios de 2016, nueve potencias poseían la friolera de 15.395 armas nucleares: Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia, China, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. De ese total, 4.120 estaban desplegadas con fuerzas operativas mientras que unas 1.800 se mantienen en un estado de alerta alta. Debemos la escalofriante precisión en los datos al célebre Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI por sus siglas en inglés).

En su informe anual correspondiente a 2016 –el nuevo todavía no está disponible- el organismo celebraba que la cifra total de ojivas nucleares disminuyera, en particular gracias a la reducción que Estados Unidos y Rusia practicaron sobre sus arsenales nucleares. La merma tuvo que ver con el Tratado sobre Medidas para la Ulterior Reducción y Limitación de las Armas Estratégicas Ofensivas (Nuevo START) de 2010. También con reducciones unilaterales.

No obstante, nadie debe pecar de optimista porque el ritmo de disminuciones parece ralentizarse y desde principios de 2011 ninguna de las dos partes realizó grandes reducciones en sus fuerzas nucleares estratégicas desplegadas. Además, tanto Estados Unidos como Rusia tienen en marcha extensos y costosos programas de modernización. Inclusive, antes del actual enrarecimiento de las relaciones entre los dos colosos.

Los demás países que cuentan con armas nucleares poseen en realidad arsenales bastante más pequeños. Sin embargo, todos desarrollan o despliegan nuevos sistemas de armas o anunciaron su intención de hacerlo. Por ejemplo, la potencia que usurpa las Islas Malvinas decidió en 2015 renovar su sistema “Trident”, mientras asumió el compromiso de mantener y modernizar sus fuerzas e infraestructuras. Del otro lado del Canal de la Mancha, Francia transita un sendero parecido.

El más reciente “aliado estratégico” de la Argentina se embarcó en un programa de modernización a largo plazo para mejorar la calidad de sus fuerzas. En ese sentido, China sigue la conducta de sus vecinos India y Pakistán, quienes siempre mantienen asperezas entre ellos y expanden sus arsenales, mientras desarrollan sistemas vectores de misiles terrestres, marítimos y aéreos.

Lejos de las cámaras de la CNN y de las otras señales que se horrorizan cada vez que Corea del Norte hace pruebas, Israel ensaya con un nuevo misil balístico de largo alcance. Por su parte, el integrante que queda de aquel Eje del Mal que ideara George Bush hijo, es noticia periódicamente por la prioridad que da al desarrollo de su programa nuclear militar. Sin embargo, el más reciente informe del SIPRI apunta que al momento de su publicación, no era posible establecer si las ojivas con las que cuenta Corea del Norte son compatibles con un misil balístico.

Hay que tener en cuenta que el acceso a información confiable sobre la situación de los arsenales y las capacidades de las potencias es muy variable. Estados Unidos brindó información considerable sobre su stock y fuerzas, mientras Gran Bretaña y Francia ponen a consideración sólo algunos datos. En cambio, a pesar de tener la obligación de compartir informaciones con Washington según el Nuevo START, Rusia se niega a revelar un desglose detallado de su poderío.

Para el SIPRI, “China sigue siendo un Estado muy opaco”. Cerca, los gobiernos indio y paquistaní proporcionan declaraciones sobre algunos de sus ensayos balísticos, pero no dan precisiones sobre la situación ni la dimensión de sus arsenales. Por su parte, “Israel no confirma ni desmiente oficialmente que disponga de armas nucleares”, en línea con su conducta de desoír de manera permanente la legislación internacional en vigencia. En ese sentido, se parece a Corea del Norte, que asume idéntica conducta.

Según el organismo sueco, la materia prima necesaria para la fabricación de armas nucleares es el material fisionable, ya sea uranio altamente enriquecido (UAE) o plutonio separado. En este sentido, China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia produjeron UAE y plutonio para sus respectivas armas nucleares. En tanto, India e Israel produjeron principalmente plutonio y Pakistán sobre todo UAE. “Todos los Estados que disponen de una industria civil de enriquecimiento nuclear o reprocesamiento son capaces de producir materiales fisionables”, advierte el SIPRI. Que el recuerdo de Hiroshima mantenga el armamentismo nuclear a raya.

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