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Derechos políticos de la mujer: apenas 70 años de vigencia

Transcurre un año electoral que ocupa a los argentinos pero también a las argentinas. No siempre fue así… Durante mucho tiempo, en sociedades que se pretendían democráticas, los asuntos políticos fueron prerrogativa de los varones, a pesar de que en ocasiones, las mujeres eran mayoría numéricamente hablando. Entonces, no están de más las reflexiones sobre hechos que hoy resultan normales.

No hizo falta la grandilocuencia para hacer historia. Apenas siete artículos de una escueta norma cambiaron para siempre la faz de la política argentina, ya que como consecuencia de su aplicación permitieron la participación política de la mayoría de la población. Nos referimos a la Ley 10.013 del Voto Femenino, cuyo contenido pertenece tanto al sentido común, que ofende su tardía promulgación.

El Poder Ejecutivo Nacional recién puso en vigencia la norma el 23 de septiembre de 1947, es decir, mañana se cumplirá un aniversario de la bisagra histórica. El primer artículo llama la atención por su contundencia: “las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos”.

El reclamo de las sufragistas argentinas tenía larga data. En 1906, Alicia Moreau de Justo había fundado el movimiento feminista cuando sólo contaba con 21 años. En oportunidad de llevarse a cabo en Buenos Aires el Congreso Internacional del Libre Pensamiento, la republicana española Belén de Sárraga le sugirió que las argentinas deberían organizar un movimiento en favor de los derechos políticos de la mujer.

Entonces, Alicia propuso la idea en una de las reuniones y junto a otras mujeres, como Sara Justo, fundaron el Centro Feminista de Argentina y el Comité Pro-Sufragio Femenino. Sin embargo, a pesar de los antecedentes socialistas de la demanda, le tocó a un gobierno que pasó a la historia como autoritario permitir el ingreso a la vida política de millones de argentinas.

Por entonces, no se admitieron dilaciones porque era evidente que las mujeres apoyarían con su voto el gobierno que las favorecía. “El Poder Ejecutivo, dentro de los 18 meses de la promulgación de la presente ley, procederá a empadronar, confeccionar e imprimir el padrón electoral femenino de la Nación, en la misma forma en que se ha hecho el padrón de varones. El Poder Ejecutivo podrá ampliar ese plazo en seis meses”.

En definitiva, las mujeres en la Argentina ocuparon un lugar de marginación política hasta que el peronismo llegó al gobierno. En esa coyuntura, no sólo obtuvieron el derecho a votar, además cobraron protagonismo porque por su número y organizaciones, se convirtieron en actoras del quehacer político. De hecho, conformaron el Partido Peronista Femenino y durante mucho tiempo, funcionó la Rama Femenina del PJ.

Fue central en la consecución del objetivo que llevaba cuatro décadas de demora, el accionar de María Eva Duarte de Perón. El proceso se aceleró a su regreso de Europa, viaje que según muchos de los estudiosos, marcó un antes y un después en sus motivaciones, estilo y convicciones políticas. Desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, el todavía coronel Perón había encarado una política en el mismo sentido.

En ese ámbito, creó la División de Trabajo y Asistencia a la Mujer y se reflotó la cuestión del sufragio femenino. A mediados de 1945, Perón explicitó su apoyo y se formó la Comisión Pro Sufragio Femenino, que elevó un petitorio al gobierno: se le pedía al Poder Ejecutivo que pusiera en práctica las Actas de Chapultepec, por las cuales los países firmantes que aún no habían otorgado el voto a la mujer, se comprometían a subsanar esa omisión.

Pero el 3 de septiembre del mismo año, la Asamblea Nacional de Mujeres, que tuvo como presidenta a Victoria Ocampo, resolvió rechazar el voto que otorgaba un gobierno de facto y reclamó que la Corte Suprema asumiera el gobierno. “Sufragio femenino pero sancionado por un Congreso elegido en comicios honestos”, era el lema de la asamblea femenina, en un gesto que puede calificarse como muy digno.

El tema se retomó durante la campaña electoral de 1946. Al ocupar un lugar central en la agenda, tanto del laborismo (futuro justicialismo) como de la Unión Democrática, la mujer había ingresado de lleno en la política argentina. No obstante, faltaba todavía poner en práctica los mecanismos formales. Ya en la Rosada, Perón retomó la cuestión. En sintonía, Evita profundizó la campaña.

Con el respaldo presidencial y el activismo de la Primera Dama, pronto la demanda se hizo masiva, se publicaron manifiestos y grupos de obreras ganaron la calle para reclamar la ley. El 23 de septiembre, en el marco de una gigantesca movilización en la Plaza de Mayo, se promulgó públicamente. La “normalidad” del presente significó muchos esfuerzos en el pasado.

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