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Que el verdor no empalidezca

El gobierno nacional celebra el repunte económico que se expresa a través de varios “brotes verdes” y tiene razón, porque las estadísticas oficiales e independientes fundamentan el optimismo. Sin embargo, podría objetarse que las cifras apuntan mejorías en relación a la tendencia declinante que la misma gestión apuntaló con sus medidas, ni bien asumiera el 10 de diciembre de 2015.

El jueves último, el INDEC dio a conocer los datos más recientes sobre la evolución de las cuentas nacionales. Según el organismo –hoy goza de bastante más credibilidad que durante el período anterior- el PBI creció 2,7 por ciento durante el primer semestre del año en curso contra el mismo período de 2016. Pero para tener una perspectiva más amplia, recordemos que durante los primeros seis meses del año pasado, la caída había representado un 3,7 por ciento del PBI en comparación con 2015.

Conocemos el discurso gubernamental: según su pensamiento, la Argentina se encaminaba hacia una crisis similar en sus consecuencias a la de 2001 y aquellas medidas iniciales eran necesarias, si bien provocaron una profundización del deterioro. Las cosas irían a mejorar en el segundo semestre de 2016, aunque el repunte se tomó unos cuantos meses más para, finalmente, arribar.

Sin embargo, a pesar del repunte, el conjunto de la economía está por debajo de la performance que lograra en el primer semestre de 2015. Recordemos que aquel fue un año electoral y que esa condición suele incidir en el ritmo de la economía como consecuencia de la obra pública y la inversión social. El declive comenzó en el segundo semestre y acompañó los últimos meses de la gestión anterior.

Los indicadores de signo negativo comenzaron a advertirse en el segundo trimestre del gobierno actual y recién la marcha invirtió su sentido en el primer trimestre de 2017, aunque aún no se compensa el terreno que se perdió con los ajustes iniciales y las decisiones que se tomaron en su oportunidad. De cara al futuro, el optimismo oficial debería moderarse un tanto, a raíz de los propios datos que dio a conocer el INDEC.

En efecto, el segundo trimestre de 2017 implicó una mejora del 0,7 por ciento contra el inmediato anterior. En consecuencia, la conducción económica puede ufanarse de mostrar tres trimestres consecutivos de crecimiento: 1 por ciento para el último trimestre de 2016 y 1,2 por ciento para el primero de 2017. Pero cualquiera puede advertir que la curva ascendente sufrió una considerable desaceleración.

En general, los economistas cercanos a la ortodoxia observan con buenos ojos la marcha de la economía, aunque advierten debilidades en el modelo oficial, en particular, por el lado de las exportaciones. Sucede que en volúmenes, en el segundo trimestre del año en curso, las exportaciones de bienes y servicios cayeron 1,2 por ciento. Para el conjunto del primer semestre, la contracción también fue del 1,2 por ciento en relación a 2016.

Pero si se compara el funcionamiento del segundo trimestre de 2017 contra el primero del mismo año, el desplome significó 7,1 por ciento. Esa marca echó por la borda los buenos resultados que venían registrándose desde mediados de 2016. Así y todo, durante el primer semestre de 2017, las exportaciones de bienes y servicios estuvieron 3 por ciento por encima de los resultados que se habían logrado en la primera mitad de 2015, el último año de administración kirchnerista.

Si bien los analistas ponderan la finalización del cepo cambiario, el ablandamiento o eliminación de restricciones a las exportaciones, la reducción o quita de retenciones y otras medidas que tendieron a dinamizar las transacciones internacionales, la baja en los envíos de mercaderías o servicios al exterior limita el ingreso de dólares al país. En forma paralela, se acumula deuda externa en esa divisa, complicándose, entonces, la capacidad de pago.

Como contrapartida, la marcha de la inversión comienza a desempeñar el rol que desde su asunción, aspiraba el gobierno. En el segundo trimestre de 2017, esa cuenta arrojó un crecimiento del 8,3 por ciento en comparación con los primeros tres meses del año, desempeño que se considera espectacular. En este caso, la marca sí está por encima del primer trimestre de 2015: 2,4 por ciento.

Por el lado del empleo, nota más preocupante aún que la desaceleración del crecimiento es la que tiene que ver con el incremento del trabajo en negro o informal, es decir, la cantidad de personas cuyos empleadores no registran aportes jubilatorios: trepó al 33,7 por ciento al cierre del segundo trimestre, cuando un año atrás era del 33,4 por ciento. Leve suba que ratifica que la informalidad es una de las deficiencias estructurales de la economía argentina, gobierne quien gobierne.

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