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Que hablen los legados

En ocasiones, para ensalzar la figura de tal o cual hombre de actuación pública, se hace referencia a su “legado a la posteridad”. Y en muchas de ellas, si agudizamos la mirada, encontraremos que los supuestos aportes no son tales o en el mejor de los casos, muy polémicos. No parece ser el caso de Carlos Pellegrini, quien ya antes de pasar por la Presidencia de la Argentina, venía aportando a su configuración posterior.


Legó a la posteridad dos instituciones significativas. La primera de ellas, de profunda importancia para la formación de la juventud capitalina, ya que la escuela comercial que lleva su nombre se instituyó el 19 de febrero de 1890, cuando todavía era vicepresidente de Juárez Celman. Y aún funciona. Tuvo mejores momentos y otros no tan felices, pero ahí está, en pleno trabajo educativo. 

Desde una perspectiva federal, si se quiere más trascendente aún, se impone resaltar la decisión de dotar a la Nación de un banco que sirviera para sortear la crisis financiera que se abatía sobre el país en aquellos momentos. Precisamente, el Banco Nación. Dicho sea de paso, unas de las pocas entidades crediticias de carácter público que fue capaz de sortear la oleada privatizadora de los 90 y que en el presente adquiere renovado protagonismo a través de los créditos hipotecarios.

Estamos frente a la tarea del político cuyo natalicio se conmemora hoy, ya que nació el 11 de octubre de 1846 y dejó de existir en 1906. Fue alumno de otra entidad educativa muy prestigiosa, el Colegio Nacional de Buenos Aires, y también de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Como buena parte de la juventud porteña más o menos acomodada, se alistó como voluntario para combatir en la guerra más vergonzosa: la del Paraguay.

En 1872 ingresó en calidad de diputado a la Legislatura de Buenos Aires. Desde entonces, su carrera se desarrolló con rapidez, ya que el año siguiente pasó a la Cámara de Diputados de la Nación. Volvió a tomar las armas para defender el gobierno de Avellaneda ante el levantamiento de Bartolomé Mitre en 1874 y cuatro años después, ocupó el Ministerio de Gobierno de Buenos Aires. Por entonces, ya se había convertido en un político de profesión.

Fue Pellegrini uno de los fundadores del Partido Autonomista Nacional, que apoyó la candidatura de Julio Roca. En 1884 incursionó en el periodismo para apoyar la candidatura de Juárez Celman. En 1886 fue su compañero de fórmula y accedió entonces a la segunda magistratura de la Nación: la vicepresidencia. Dispuso la creación de la escuela que hoy lleva su nombre en febrero de 1890. La instituyó con el fin de formar jóvenes en el área de la economía y el comercio.

Le tocó ejercer la vicepresidencia en coincidencia con una crisis muy compleja. En principio, Juárez Celman no pudo terminar su mandato, ya que desde su asunción el déficit fiscal fue creciendo y el peso cedió mucho de su valor frente al oro, que por entonces era la medida de pago en el comercio internacional. La crisis económica se precipitó y se coronó con el descontento popular que desembocó en la llamada Revolución del Parque.

Fue el primer hecho importante que protagonizó la flamante Unión Cívica, embrión de la Unión Cívica Radical. Allí estuvo Leandro Alem denunciando al régimen del cual Pellegrini era parte. Al renunciar el presidente, Pellegrini ocupó su lugar con el beneplácito de Roca, aunque luego se distanció de su mentor. Puede adivinarse el porqué, ya que no fue tan complaciente con el esquema agro-exportador y cercano a Gran Bretaña.

De hecho, impulsó y sancionó varias leyes impositivas que mejoraron la recaudación y fundó precisamente, el Banco de la Nación Argentina (1891), como medio para resolver los embates de la crisis económica que afectaba al sistema bancario, una medida consecuente con la posición proteccionista e industrialista que caracterizó su desempeño. Desde sus comienzos, el Banco Nación contó con capital enteramente estatal y en pocos años se extendió en su giro a toda la geografía nacional. En breve, se convirtió en el mayor banco comercial argentino. Su objetivo principal era y es ejecutar la función de agente financiero del gobierno federal. En consecuencia, todavía hoy recibe depósitos oficiales y realiza pagos por cuenta y orden de la Nación.

Después de abandonar el gobierno, Pellegrini se alejó momentáneamente de la vida pública, porque sus antiguos compañeros de ruta no aprobaban del todo su gestión gubernamental. De todas maneras, nunca dejó de ser “uno de ellos”, pero quedémonos con su visión y su legado a la posteridad, auténtica discrepancia respecto del ideario más característico de la Generación del 80. Suerte de oveja negra…

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