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Problematizar el 12 de Octubre

Gracias a los arqueólogos sabemos que la presencia humana en la zona se remonta a 10.000 años. En efecto, en el sitio El Trébol se encontraron rastros de la actividad que estos auténticos pioneros desarrollaron en su vida cotidiana, como un punzón de hueso, espinas de pescado, moluscos del Pacífico y restos óseos de los animales que formaban parte de su dieta: aves, un zorro extinto, un ciervo más grande que el huemul y un milodón.


No se trata del único sitio que existe en la región. Antes del hallazgo de El Trébol se tenía como evidencias arqueológicas más antiguas a las que se encontraron en las cuevas de Epullán Grande, Cuyín Manzano y Traful. Allí se hallaron muestras de artefactos que nuestros mayores utilizaron para la caza de animales y restos de pigmentos que se usaron para pinturas que se aplicaban a prácticas funerarias.

En estos casos, la antigüedad de los hallazgos se sitúa entre los 10.000 y los 9.000 años antes del presente. En Traful se encontraron además cuentas que se confeccionaron con valvas de moluscos de origen oceánico y otros elementos que también aparecen en los sitios trasandinos. A la luz de estas exploraciones, queda claro qué tan reciente es la frontera que se instaló sobre los Andes a fines del siglo XIX.

Precisamente, en cercanías de Puerto Montt se encontraron las manifestaciones humanas más antiguas de la región. Éstas superan los 13.000 años. En Monte Verde, 35 kilómetros al Sudoeste de la ciudad portuaria, se hallaron restos de estacas y pieles que hablan de la construcción de viviendas. Asimismo, se utilizaron útiles de hueso, madera y piedra. Aquellos “trasandinos” supieron valerse tanto de los recursos terrestres como de los marítimos.

Para períodos más recientes se encontraron rastros de actividad humana en cercanías de los arroyos Pichi Leufu y Comallo, en particular en los sitios Cueva Sarita y Cueva Visconti. Estos primeros habitantes de la Línea Sur rionegrina ya merodeaban por la estepa hace unos 3.000 años. Por último, digamos que hace aproximadamente 2.000 años ya se encontraban en Patagonia grupos bien definidos regionalmente.

Más allá de las divergencias que existen entre los investigadores, se supone que se puede hablar de “americanos” desde hace 30.000 años. Algunos sostienen la hipótesis más clásica: grupos de cazadores recolectores cruzaron por el puente terrestre que por entonces constituía el estrecho de Bering y desde allí fueron bajando en un largo proceso de desplazamientos, hasta llegar a la Patagonia.

Otro dicen que esa antigüedad no se puede probar y apuntan que el poblamiento más antiguo data de 13.000 años. Esta hipótesis no explica cómo Patagonia pudo estar habitada más o menos al mismo tiempo que América del Norte. Por eso hay otra corriente que sostiene que los primeros patagónicos no llegaron desde el Norte sino desde el Este y que los sitios arqueológicos más antiguos están sumergidos bajo las aguas del Atlántico. Tendrían 35.000 años.

Ante tanta evidencia, resulta inconsistente que todavía haya gente que ubique el “descubrimiento” de América hacia fines del XV. El asunto se actualizó unos años atrás cuando un coleccionista chino presentó un mapa antiguo según el cual no fueron los europeos los primeros en navegar por el mundo y “descubrir” América, sino los asiáticos. Pero que cambie la nacionalidad del “descubridor” no modifica el dislate.

El mapa se confeccionó en 1763 pero sería una reproducción de otro fechado en 1418. Presenta al mundo como un globo y los continentes están representados con una exactitud que los mapas europeos tardarían otro siglo en adquirir. En China dicen que los barcos de Zheng He navegaron los océanos Pacífico e Índico entre 1405 y 1433. Los registros demuestran que exploró el Sur de Asia, la India, el Golfo Pérsico y la costa Este de África. Un grupo de investigadores sostiene que estuvo en América en 1421, es decir, 71 años antes que Colón.

No tiene mayor importancia pero que también los chinos llegaran a América revela el carácter euro-céntrico de los relatos históricos en los que todavía abrevamos. Aún se sigue narrando y reproduciendo la historia del planeta desde el punto de vista del Viejo Continente. Es más, de cierta tradición cultural, porque también está suficientemente probada la presencia vikinga en las costas de Canadá.

El continente en que vivimos no podía descubrirse porque ya estaba habitado. Que ni los vikingos ni los chinos quisieran ocuparla como sí hicieron España, Portugal y demás potencias europeas, demuestra que la Conquista de América no obedeció a una especie de destino manifiesto sino a una serie de decisiones económicas y políticas que provocaron demasiadas muertes como para continuar ensalzándola de manera acrítica. Por más que ahora se invoque el “respeto a la diversidad cultural”…

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