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Pensar en reducir los daños que provocan los desastres naturales

Pareciera que los peores momentos de la temporada de huracanes ya pasaron, aunque las huellas que dejaron los auténticos vendavales demorarán meses en desaparecer, no sólo en los países insulares del Caribe, sino también en el mismísimo Estados Unidos. Coyuntura desalentadora que realza la importancia del Día Internacional para la Reducción de Desastres, que se conmemora hoy.

Con el ánimo de precisar conceptos, la ONU estableció que si bien no todas las amenazas naturales generan consecuencias devastadoras, una combinación de factores que se atribuyen a la naturaleza, más otros de índole cultural, social y político contribuyen a que se originen desastres. Durante los últimos 20 años, más de 1,35 millones de personas perdieron la vida como consecuencia de la vulnerabilidad y la exposición. En especial, mujeres y niñas.

En forma simultánea, 4.000 millones de personas se vieron obligadas a desplazarse y quedaron sin hogar, a la vez que resultaron heridas, lesionadas o tuvieron que recurrir a ayudas de emergencia de alguna clase. El estado de situación arroja que la mayoría de las muertes que derivan de desastres naturales se debe a eventos meteorológicos, en particular, inundaciones, tormentas y olas de calor.

Éstas expresiones de la naturaleza duplicaron sus cifras durante los últimos 40 años, intensificación que hace pensar en su relación con el cambio climático. Además, hay que considerar a los eventos geofísicos extremos, en especial terremotos, pero también tsunamis y erupciones volcánicas. Ante esa proliferación hay que decir que si bien los desastres naturales son inevitables, los daños que causan se pueden minimizar.

Como contrapartida, la vulnerabilidad social, económica y ambiental exacerba las secuelas destructivas, aunque nadie está a salvo de convertirse en víctima de una catástrofe natural. Quiere decir que la reducción de los riesgos ante su multiplicación concierne a toda la sociedad, desde los campesinos hasta los jefes de Estado, desde los banqueros hasta los abogados, desde los meteorólogos hasta los directivos de los medios de comunicación.

El Día Internacional para la Reducción de Desastres se estableció con el propósito de concientizar a los gobiernos y a las personas para que tomen medidas que se encaminen a minimizar los riesgos, a través de su prevención y mitigación. En ese marco, es central la inclusión de actividades de preparación. La campaña de 2017 busca sensibilizar a la opinión pública sobre una serie de acciones, políticas y prácticas que se aplican con éxito para reducir la exposición en distintas sociedades.

Con su puesta en práctica, se contribuyó a salvar hogares y medios de vida. La implementación de tales acciones, políticas y prácticas demanda un gran desafío que debe acometerse a través de la coordinación, la cooperación y la colaboración entre los diversos grupos. Por otro lado, enfrentar el calentamiento global es impostergable porque a nadie escapa que muchos de los desastres se agravaron con el cambio climático.

Esa aceleración genera un impacto negativo en el desarrollo sostenible y en los resultados que se procuran según la agenda que se aprobó dos años atrás. Como los efectos son más devastadores en el ámbito local, los gobiernos municipales y provinciales son los que deben trabajar más urgentemente en la preparación y respuesta. En este sentido, el enfoque del Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres se centra en proteger la vida de las personas.

El instrumento es pertinente tanto para los riesgos a pequeña como a gran escala. También considera a los ocasionados por el ser humano y a los que derivan de las amenazas naturales. Abarca, además, los riesgos ambientales, tecnológicos y biológicos afines. En 2016, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR) lanzó la campaña “Sendai siete”, que se centra en los siete objetivos del Marco de Sendai, el primero de los cuales es reducir la mortalidad de desastres. Sendai es la localidad japonesa donde sesionaron las delegaciones.

La campaña busca crear un nuevo grado de sensibilización en torno a las acciones que tienen que emprender todos los actores implicados, incluidos los gobiernos nacionales y locales, los grupos comunitarios, las organizaciones de la sociedad civil, el sector privado, las organizaciones internacionales y la ONU. Al aprender sobre estas cuestiones, encontramos que el género es un asunto fundamental para reducir la mortalidad.

En el ámbito mundial, la probabilidad de que las mujeres y los niños mueran a raíz de un desastre es hasta 14 veces mayor que la de los hombres. Asimismo, aproximadamente el 60 por ciento de las muertes maternas prevenibles y el 53 por ciento de las que sufren menores de 5 años se producen en el marco de un conflicto o de un desastre. No hay que esperar mayores evidencias para tomar cartas en el asunto.

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