Menu
denuncia-whp

La eterna dicotomía entre Buenos Aires y el interior

Hubo un tiempo en que dos cuerpos diplomáticos se atribuían la representación argentina en el exterior: mientras la provincia de Buenos Aires consideró que podía vivir sin formar parte de la Confederación Argentina, porteños y provincianos mantuvieron en Brasil y Europa misiones diplomáticas diferenciadas, para segura incomprensión de europeos, brasileños y también estadounidenses.


Intentó ponerle fin a la disgregación el Pacto de San José de Flores, que se firmó el 11 de noviembre de 1859. Es curioso que durante mucho tiempo, en los manuales escolares no se pusiera de relieve con la intensidad que merece... Como contrapartida, todos los que pasaron por las aulas sabrán de la Anarquía del año XX, episodio que en realidad, no significó de ninguna manera la concreción de los postulados de Bakunin y Kropotkin sino más bien, la suspensión por varios años de un gobierno nacional a favor de los provinciales.

Tres décadas más tarde Buenos Aires atentó contra la unidad. El Pacto Unión San José de Flores se firmó entre la Confederación Argentina y Buenos Aires, con el ánimo de establecer pautas para el ingreso de la última a la unidad superior. La provincia disidente verificaría su adhesión por medio de la aceptación y jura solemne de la Constitución de 1853, después de su revisión. Es que una vez más, Buenos Aires y el interior habían cruzado armas en Cepeda, el 24 de octubre de 1859.

Después de su revés, legisladores de Buenos Aires solicitaron la renuncia del gobernador Valentín Alsina, uno de los principales opositores a la organización federal. Aprovecharon para propiciar su alejamiento los federales bonaerenses, porque su permanencia en el cargo “era en ese momento (tan) inútil para la paz como para la guerra”. En su reemplazo, se designó a Felipe Llavallol, que hasta entonces era presidente del Senado de la escindida.

A principios de mes, hace escasos 158 años, Buenos Aires envió a Carlos Tejedor y a Juan Bautista Peña como delegados para proponer un acuerdo a las fuerzas de la Confederación, que todavía estaban estacionadas en San José de Flores. El 10 de noviembre los delegados porteños ultimaron detalles con Tomás Guido, Juan Esteban Pedernera y Daniel Aráoz, que ejercían la representación de la Confederación.

Según el tratado, Buenos Aires debía jurar la Constitución pero podía proponer modificaciones en el texto. También se establecía que Buenos Aires mantendría preeminencia legal sobre todas sus propiedades excepto la Aduana, ya que la Constitución establecía que las externas le pertenecían a la Nación. Además y como contrapartida, se disponía la retirada de los contingentes de la Confederación del territorio de la provincia.

El pacto contó con la rápida ratificación del gobierno de Paraná, mientras que Buenos Aires cumplió con idéntico cometido el 11 de noviembre de 1859. Pero a pesar de las disposiciones expresas, la díscola se negó a entregar la recaudación de la Aduana y en consecuencia, las hostilidades no cesaron hasta después de la batalla de Pavón en 1861. En aquella ocasión, la suerte de las armas favoreció a los porteños gracias a la defección de Urquiza.

Las principales cláusulas del Pacto establecían un compromiso elemental: Buenos Aires se declaraba parte integrante de la Confederación Argentina. Además, efectuaría un libre examen de la Constitución y en caso de proponer reformas, éstas se debían someter a la decisión final de una Convención, con participación de todas las provincias. Su territorio no podía dividirse sin el consentimiento de su Legislatura y en adelante, Buenos Aires se abstendría de mantener relaciones diplomáticas con otras naciones.

La Aduana pasaría a pertenecer a la Nación y se establecía un perpetuo olvido de todas las causas que habían provocado la desunión. Como consecuencia del Pacto en San José de Flores, el gobierno de Buenos Aires solicitó al de Paraná la derogación de los derechos diferenciales al comercio, ya que eran incompatibles con la nueva situación. Coherente, el gobierno de la Confederación dispuso esa medida por un decreto del 24 de diciembre de 1859. En cambio, las autoridades porteñas se negaron a ceder la Aduana.

Un oficio del 5 de enero de 1860 establecía la posición de la provincia: “según la mente del Gobierno de Buenos Aires, el cumplimiento de las estipulaciones del Convenio del 11 que no se refieran al cese inmediato de las hostilidades, a las consecuencias naturales de este hecho, o a los arreglos previos para la incorporación de Buenos Aires, sólo pueden tener lugar cuando esa incorporación se haga efectiva por la aceptación y jura de la Constitución General, cuando aún se ignora la forma y condiciones en virtud de las cuales entrará a formar parte de la República”. Buenos Aires siempre se consideró a sí misma por encima del resto de las provincias. Inclusive hoy.

volver arriba
Gif cordillerano V2 Invierno

Si Ud. siente que algún comentario, hecho por lectores, en este artículo o en alguna de nuestras redes sociales lo perjudica, denúncielo haciendo click aqui o telefónicamente al 0294-4431409. 

denuncia-whp

 

Datos de contacto

Diario El Cordillerano
Bariloche Argentina.
F.P.Moreno 975 S.C. de Bariloche
Tel: +54-294-4431409
Email: [email protected]