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Bajar la cantidad de víctimas del tránsito

Son muertes que pueden evitarse: alrededor de 1,25 millones de personas pierden su vida cada año a causa de los accidentes de tránsito, según el Informe sobre la Situación Mundial de la Seguridad 2015. Además, el 90 por ciento de la gente que muere en esas circunstancias se encuentra en países de ingresos medianos y bajos, los que paradójicamente sólo cuentan con el 54 por ciento de los vehículos matriculados.

En términos globales, tales sucesos constituyen la principal causa de muerte de jóvenes de entre 15 y 29 años y, por otro lado, hay que tener en cuenta que casi la mitad de la totalidad de las víctimas fatales se conforma por peatones, ciclistas y motociclistas. Es imperioso poner de relieve que estas pérdidas humanas, económicas, sociales y de salud pueden evitarse. Hay datos que confirman que las lesiones que resultan de los accidentes de tránsito pueden prevenirse.

En efecto, la experiencia que se recoge en todo el mundo señala que la creación de un organismo rector que entienda en seguridad vial y cuente con financiamiento adecuado constituye un avance a la hora de tratar de resolver de forma eficaz el problema de las lesiones. También es necesaria una evaluación precisa de las condiciones de seguridad que presentan las rutas y autopistas en un país determinado.

Los estudios identifican distintos factores que aumentan el riesgo de lesiones, como la velocidad inadecuada o excesiva, la falta de uso de cinturones de seguridad y de sillas protectoras para los niños. Como tenemos muy fresco los barilochenses, la conducción en estado de ebriedad suele provocar consecuencias fatales. También suma a la problemática la ausencia de cascos protectores por parte de los conductores de vehículos de dos ruedas.

Desde la perspectiva del sector público, una infraestructura vial que esté mal diseñada o insuficientemente mantenida poco aporta a la resolución de la problemática. En el mismo sentido, la circulación de vehículos viejos, mal conservados o que no cuentan con dispositivos de seguridad aporta su mal venido granito de arena. Como puede advertirse, son muchos los ribetes que hay que enfrentar de manera simultánea.

Sin embargo, en términos generales, puede concluirse que las normas y otras medidas que se impusieron para hacer frente a estos factores de riesgo dieron lugar a una disminución drástica de los accidentes de tránsito en muchos países. También se comprobó que los servicios de emergencias que atienden traumatismos son muy importantes a la hora de mitigar los daños que resultan de los accidentes viales.

Reflexiones a raíz del Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Accidentes de Tránsito, que se conmemora cada año el 19 de noviembre. En septiembre de 2015, los jefes de Estado adoptaron la histórica Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Desde entonces, una de las nuevas metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es “reducir a la mitad el número mundial de muertes y traumatismos por accidente de tránsito de aquí a 2020”.

En los hechos, la inclusión de una meta que puede parecer ambiciosa es interpretada como un avance significativo para la seguridad vial, ya que refleja un reconocimiento cada vez mayor sobre el enorme precio que se cobran los traumatismos a raíz de las cifras que traíamos a colación más arriba. Está en pleno transcurso el Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2011-2020, a través del cual se exhorta a los países a que apliquen las medidas que están establecidas a nivel internacional para mejorar la seguridad de las rutas.

Del Informe sobre la Situación Mundial de la Seguridad 2015, resulta que el número de muertes por accidente de tránsito (1,25 millones, en 2013) tiende a estabilizarse pese al aumento mundial de la población y del uso de vehículos de motor. Entre 2010 y 2013, la población aumentó en un 4 por ciento y los vehículos en un 16 por ciento, velocidades dispares que indican que las intervenciones que se pusieron en práctica en los últimos años salvaron vidas humanas.

Según el informe, 68 países registraron un aumento en el número de muertes por accidentes de tránsito desde 2010. Entre ellos, el 84 por ciento son de ingresos bajos o medios. Como contrapartida, 79 registraron un descenso en el número absoluto de defunciones: el 56 por ciento países de ingresos bajos y medios. De manera un tanto previsible, es en África donde se continúan registrando las mayores tasas de mortalidad, mientras que las más bajas se encuentran en Europa, sobre todo en los países de ingresos altos, entre los que hay muchos que lograron reducir de forma sostenida las tasas de mortalidad pese al aumento de la motorización. Están claras las metodologías que hay que replicar.

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