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Que la Segunda Advertencia no caiga en saco roto

Para transitar hacia una economía más sostenible se debe priorizar la instalación de grandes zonas protegidas que incluyan ambientes terrestres, marinos, de agua dulce y también aéreos. En sintonía, es menester detener la conversión de selvas, bosques, pastizales y otros espacios para preservar los “servicios” que prestan. De la misma manera, se torna imperioso restaurar áreas con comunidades de plantas autóctonas a gran escala, principalmente bosques.


Estas y otras recomendaciones aparecen en el Segundo Aviso a la Humanidad, un documento que fue suscripto por 15 mil científicos que pertenecen a 184 países. La iniciativa rememora una similar que tuvo lugar 25 años atrás, a partir de la estadounidense Union of Concerned Scientists, que en aquella oportunidad “apenas” si congregó a 1.500 especialistas en diversas disciplinas. El llamamiento se tituló “La advertencia de los científicos del mundo a la humanidad”.

En el primero, los “científicos preocupados” reclamaron que se frenase la destrucción ambiental, ya que “sería necesario un gran cambio en nuestra forma de cuidar la Tierra y la vida sobre ella, si quería evitarse una enorme miseria humana”. Un cuarto de siglo atrás, las preocupaciones tenían que ver con la destrucción de la capa de ozono, la disponibilidad de agua dulce, el colapso de la pesca marina, el incremento de zonas muertas en los océanos, la pérdida de masa forestal, la destrucción de biodiversidad, el cambio climático y el crecimiento continuo de la población.

Si se mira hacia atrás, se puede dimensionar la magnitud del fracaso. Con excepción de la capa de ozono, cuya disminución pudo frenarse, en el resto de las variables no sólo no se pudo mejorar, inclusive se apuntan severos retrocesos. Especialmente preocupante es la trayectoria actual del cambio climático de origen humano a raíz de las crecientes emisiones de GEI que procede de la quema de combustibles fósiles.

Otro tanto sucedió con la deforestación en los últimos 25 años. En forma simultánea, la modificación de los ambientes y otras consecuencias nefastas de las prácticas económicas en vigencia, desataron un proceso de extinción masiva de especies, durante el cual muchas de las formas de vida resultarían aniquiladas o como mínimo, en camino a la extinción hacia finales del siglo XXI.

El Segundo Aviso a la Humanidad insiste en advertir que el futuro está en peligro a raíz del “desproporcionado consumo material” y considera que “el alocado crecimiento de la población mundial es el principal impulsor detrás de la mayoría de amenazas ecológicas e incluso, sociales”. En este punto, esta columna va a plantear una discrepancia: el permanente desbarajuste no tiene que ver tanto con el aumento poblacional, sino con la persistencia de una lógica económica que concentra cada vez más riqueza en pocas manos. Con echar una ojeada sobre los volúmenes de consumo que se dan en los países más desarrollados y compararlos con los que se registran en el resto, podrá advertirse la injusticia.

Los científicos cuestionaron el déficit a la hora de “reevaluar el papel de una economía enraizada en el crecimiento permanente, en reducir la emisión de GEI, en incentivar la energía renovable, en proteger el hábitat, en restaurar los ecosistemas, en parar la extinción de fauna, en frenar las especies invasoras”, entre otras omisiones. En definitiva, “la humanidad no está tomando los pasos urgentes que necesitamos para salvaguardar nuestra muy amenazada biosfera”.

Después de las descripciones, el Segundo Aviso pasa a la exhortación, “puesto que la mayoría de líderes políticos responde a la presión”. Entonces, sostiene que “los científicos, los medios de comunicación y los ciudadanos deben insistir en que sus gobiernos pasen a la acción inmediata, como un imperativo moral hacia las actuales y futuras generaciones, humanas y de otras formas de vida”. No obstante, también pone el acento en los comportamientos individuales: dos hijos por pareja, reducir el consumo per cápita de combustibles fósiles, disminuir el consumo de carne y otras modificaciones.

La lista de recomendaciones es amplia e incluye “devolver a la naturaleza salvaje zonas con especies nativas, especialmente con depredadores, para recuperar procesos y dinámicas ecológicos”. También, “implementar políticas adecuadas para remediar la extinción de especies animales, la caza furtiva y la explotación y comercio de especies amenazadas”. Asimismo, “reducir el desperdicio de alimentos mediante educación y mejores infraestructuras”, además de “promover un cambio hacia dietas más vegetales y menos animales”.

La Segunda Advertencia pide además “promover la reducción adicional de los índices de fertilidad” a través del “acceso a la educación reproductiva y a los servicios voluntarios de planificación familiar”. En el mismo sentido, prevé “aumentar la educación ambiental para niños y fomentar un mayor aprecio por la naturaleza por parte de la sociedad”. Que dentro de 25 años, no haga falta una Tercera Advertencia.

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