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La OMC viene por más

Del 10 al 14 de diciembre se realizará en Buenos Aires la 11º Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Se aguarda la participación de los 164 países que son miembros para continuar las negociaciones sobre cuestiones arancelarias, patentes y liberalizaciones en las áreas del agroindustria, los servicios y los sectores fabriles, a la usanza neoliberal, es decir, desde los países centrales hacia los periféricos sin que necesariamente, existan contrapartidas.

En efecto, Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Europea arribarán al cónclave con demandas de mayor protección para sus economías, doble estándar que no es nuevo. Pero el contexto política latinoamericano suma nuevos riesgos si las perspectivas tiene que ver con la defensa de los intereses de los pueblos e inclusive, de los empresariados nacionales. Se sabe, tanto los gobiernos de Brasil como de la Argentina evidenciaron simpatizar con las posturas hegemónicas de la OMC.

Durante el período anterior, fueron varios los países de la región que dieron a conocer sus reparos y oposiciones ante las condiciones asimétricas e injustas sobre leyes de propiedad intelectual, es decir, patentes y copyright. También se puso freno a la eliminación de aranceles para los mercados no agrícolas y se cuestionó la vigencia de salvaguardas agrícolas en los países centrales. Más allá de la aparente deserción sudamericana, aún persisten en esas actitudes los ahora llamados RICS, es decir, Rusia, India, China y Sudáfrica. Brasil eligió alejarse de ese entendimiento…

La OMC no es una institución como el FMI o el Banco Mundial, ámbitos donde las grandes potencias hacen y deshacen. Durante sus 22 años de existencia, fueron alineándose bloques de países que comparten intereses políticos y económicos para sumar fuerzas en las negociaciones del organismo multilateral. Se trata de agrupaciones inestables que suelen cambiar su composición, según los vaivenes de la política interna de cada miembro, como es el caso actual de los socios principales del MERCOSUR.

Uno de los grupos se compone con los países que vencen con la globalización neoliberal y que pretenden consolidar sus ventajas: el G7. Más o menos en la misma sintonía se mueve el G20. En tanto, el G90 surgió ante la necesidad de poner freno a la voracidad de las grandes potencias y sus compañías trasnacionales. En el Quad o Cuadrilátero militan Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Canadá, Australia y Taiwan, con el claro objetivo de limitar al ascendiente chino e imponer la agenda del librecambio.

En la inminente reunión de Buenos Aires, el Cuadrilátero querrá incidir a favor de las grandes corporaciones que tienen casa matriz en sus países, en desmedro de los intereses del resto. Sus intervenciones tendrán que ver con mantener las salvaguardas sobre sus productos agrícolas, industriales y de servicios. Al mismo tiempo, su intención será perpetuar la injusta división internacional de la producción, que se impone desde el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT por sus siglas en inglés).

Ese orden desigual profundiza el rezago industrial-tecnológico de los países periféricos, con la excusa de “abrirse al mundo”. Es la lógica de los tratados de libre comercio que vuelve a ceñirse sobre la Argentina: en la víspera trascendió que el gobierno apuesta a celebrar uno con la Unión Europea antes de fin de año, a pesar de la suspicacia que esa posibilidad genera entre los popes de la Unión Industrial Argentina (UIA).

Hasta 2015, la resistencia más clara frente a las aspiraciones estadounidenses provino de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en materia de propiedad intelectual y de industrialización. La postura se tradujo en el aumento de la producción de genéricos (medicinas y maquinaria) y la protección de la actividad industrial en esos países. De ahí que la postura de Brasil, junto a la de México y la Argentina, sea trascendente.

La conferencia anterior había tenido lugar en 2015 en Nairobi (Kenia). En aquella oportunidad, los BRICS y otros países llevaron posturas propias en favor de la recuperación y consolidación de la soberanía y la capacidad industrial de las economías emergentes, ante las presiones de los Estados Unidos y la Unión Europea. Sobre todo en temas sensibles como la industria, las patentes y la firma de tratados de libre comercio.

Ante el re-acomodamiento de la política internacional y la restauración conservadora en América Latina, los bloques más poderosos de la OMC tienen la chance de avanzar en la consolidación de la relación asimétrica entre el centro y la periferia. Inclusive desde Bariloche hay que prestar atención a las deliberaciones porque hasta las reglamentaciones del turismo figuran en el menú de demandas que querrán imponer desde el Cuadrilátero. Sin la contrapartida que sería lógica, como es habitual en sus conductas.

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