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Traer a colación al comandante Andresito

Cuatro años atrás, un directivo de un club misionero amagó con despojar de su nombre histórico al estadio de la institución, para rebautizarlo con el nombre de la ex presidenta. Fue la propia Cristina quien reconvino a su admirador y sugirió que la cancha continuara con su denominación: “Andresito”. La trama siguió cuando la entonces mandataria recomendó que el documental “Buscando al comandante Andresito” se exhibiera en las instituciones educativas: “deberían difundirlo en todas las escuelas. Así todos los argentinos se enteran de que Misiones, ¡sí Misiones!, la de las Cataratas, una de las Siete Maravillas del Mundo, es argentina gracias a Andresito”.


El gesto puedo valorarse, al igual que la vocación por revisar la historia que se evidenció durante el período anterior, pero con ese ánimo nos parece que hacen falta un par de precisiones, ya que difícilmente el guaraní Guacurarí tuviera como motivación central para su breve pero intensa epopeya garantizar la integridad territorial argentina. Su gesta se ubicó en el marco general del accionar artiguista, a tal punto que los imperiales portugueses denominaban al comandante indígena Artiguinhas.

Atenta contra la supuesta “argentinidad” de Andresito su lugar de nacimiento un día como hoy: 30 de noviembre de 1788 en el pueblo guaraní de San Borja, margen oriental del río Uruguay. En “Nuestros paisanos los indios”, Carlos Martínez Sarasola asevera que Artigas decidió adoptarlo como hijo y con el estallido revolucionario de 1810, en breve se convirtió en el comandante Andresito.

El antropólogo destaca que el proceso que tuvo como líder al guaraní se caracterizó por tres componentes: la recuperación de la tradición cultural de ese pueblo originario, la supremacía indígena en buena parte del Litoral y la adopción de medidas de gobierno auténticamente revolucionarias. He ahí la originalidad de Andresito: bajo su conducción política y el respaldo de Artigas, las comunidades guaraníes se posicionaron en un plano de igualdad con las élites criollas e inclusive, en su desmedro. Ese protagonismo indígena en la lucha revolucionaria no tuvo correlato en otras regiones de las Provincias Unidas. Y hay que recordar que por entonces, la mayoría de los referentes revolucionarios se consideraban a sí mismos americanos, antes que argentinos o uruguayos.

Es verdad que como quiso la ex-presidenta, tocó a las huestes de Andresito mantener a raya a paraguayos y brasileños. Pero en 1815 no estaban en disputas límites territoriales, sino las aspiraciones republicanas contra la reacción monárquica, que también se encarnaba en el Imperio del Brasil. Ante la absoluta deserción de las tropas de Buenos Aires, fueron las guerrillas guaraníes las que hicieron frente a las incursiones portuguesas en el Litoral. Como se sabe, respondían al Protector de Pueblos Libres no sólo la Banda Oriental, sino también Entre Ríos, Corrientes y las Misiones, además de Santa Fe e inclusive Córdoba, en determinada coyuntura. Acumulación de fuerzas que los porteños nunca vieron con buenos ojos.

En febrero de 1817, las tropas portuguesas llegaron a Yapeyú, saquearon todos los poblados que pudieron y ultimaron a casi 3.200 guaraníes, sin que Buenos Aires moviera un dedo. Pero para sorpresa de propios y extraños, Andresito consiguió rehacerse y al cumplir una orden de Artigas, ingresó en Corrientes el 21 de agosto de 1818. Pero hombres de coraje o talento militar hubo muchos en aquellos tiempos.

Fueron las medidas de gobierno que adoptó las que marcaron diferencia y las que impusieron sobre su figura un silencio de 190 años. Al frente de Corrientes y Misiones, dispuso la libertad inmediata de los indígenas que todavía –ocho años después de Mayo- prestaban servidumbre en condiciones de esclavitud. Además, ordenó el cierre de todos los puertos correntinos para cualquier buque que no formara parte de la “Confederación del Paraná”, entre otras acciones.

Antes, había dispuesto que la producción de estancias y yerbatales quedara bajo la supervisión de los cabildos, que tenían mayoría indígena ya que eran elegidos democráticamente a través de asambleas. Es más, en 1815 y al seguir las instrucciones de Artigas puso en marcha un esbozo de reforma agraria. Obviamente, las minorías criollas no estaban para tanta revolución. ¿Los indios al mando?

Más de un “argentino” del Litoral esbozó una sonrisa cuando en 1819 cayó prisionero de los portugueses. No se sabe cómo murió pero se especula que dejó de existir en 1822, en una prisión portuguesa… Muchísimo antes que se acuñara el término, Andresito, Artigas y los suyos intentaron construir plurinacionalidad con una auténtica ruptura del orden colonial. Fue bastante más que un defensor fronterizo. Está bien que se quiera rescatar su trayectoria, pero sería nuevamente injusto que nos quedemos con los aspectos que puedan encajar en el “relato” de los gobernantes de turno. Sus aportes más decisivos no pueden quedar afuera.

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