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Debatir el modelo alimentario, no solo las ganancias de las empresas

Puede variar de año a año, según las oscilaciones en los precios internacionales. Pero desde 2009 hasta hoy ronda en mil millones la cantidad de gente que padece hambre. Como curiosa e insólita contrapartida, otros 500 millones sufren de obesidad. Entonces, resulta evidente que el sistema alimentario es un absoluto fracaso. Como el único parámetro que evalúan sus principales protagonistas es la rentabilidad, es probable que las grandes trasnacionales se consideren exitosas pero está más que confirmado el carácter pernicioso del esquema.

El cóctel que se conforma con semillas de laboratorio y sus paquetes tecnológicos no es capaz de alimentar a las personas. Llamativamente, en términos globales las ¾ partes de quienes no tienen suficiente para comer son campesinos y trabajadores rurales, es decir, la gente que produce la comida. En forma simultánea, apenas un puñado de corporaciones agroindustriales decide hacia dónde van y para quiénes son los alimentos.

Sin ir muy lejos, trascendió días atrás que un tercio de la población argentina continúa en situación de pobreza estructural. El informe más reciente del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina arrojó que el 31,4 por ciento de los argentinos es pobre, magnitud que afecta a más de 13 millones de compatriotas. En tanto, la indigencia hace estragos entre 2,5 millones.

El clamor por un cambio crece en todo el planeta. En la Argentina, se expresa a través de las pocas pero aguerridas organizaciones campesinas, en las asambleas ciudadanas y en las organizaciones ecologistas, ya que todavía la discusión sobre estas temáticas no aterrizó en los partidos políticos, ni siquiera los que están a la izquierda del espectro. Es que en general, tanto los gobiernos como los grandes organismos internacionales continúan inconmovibles en su paradigma del crecimiento perpetuo, es decir, más agro-negocios, más agricultura industrial y más globalización.

Insisten en soslayar que en términos generales, cada vez estamos peor.

En forma paralela el cambio climático recrudece y en ese agravamiento mucho tiene que ver el modelo de agricultura. Y a pesar de las permanentes excusas de los poderosos, el tiempo se agota. Los estudios científicos más recientes predicen que si nada cambia, las temperaturas globales serán cada vez más elevadas, las condiciones climáticas más extremas, la escasez de agua más angustiante y más severo el deterioro de los suelos.

Como puede advertirse, hay factores que se conjugan para engrosar las masas de hambrientos porque sería lógico que al aumentar la población, también se incremente la demanda de alimentos. Sin embargo, el cambio climático disminuirá o inclusive agotará la capacidad de producirlos. De hecho, ciertos países que ya luchan con severos problemas de hambre podrían ver que su producción de alimentos se reduzca a la mitad antes del fin de siglo.

El sistema alimentario mundial tiene mucho que ver con la emisión de gases de efecto invernadero. Es que el modelo de agricultura industrial que abastece al sistema alimentario funciona esencialmente a partir de petróleo y en consecuencia, durante el proceso se liberan cantidades enormes de gases con efecto de invernadero. El uso de inmensas cantidades de fertilizantes químicos, la expansión de la industria de la carne y la destrucción de las praderas y bosques para producir mercaderías agrícolas, asumen en conjunto la responsabilidad de por lo menos, el 30 por ciento de las emisiones de los gases que provocan el cambio climático.

Como el diseño de las trasnacionales es global y su búsqueda de rentabilidad no sabe de límites, procesa sus productos, los almacena, congela y transporta por todo el planeta. Una vez más, esa metodología hace que se consuman volúmenes incalculables de combustibles de origen fósil.

Son procesos que suman en la cuenta climática y si los consideramos en conjunto, se verá que el actual sistema alimentario podría ser responsable de cerca de la mitad de las emisiones de los gases con efecto de invernadero.

La velocidad del deterioro es notable. Admitiremos que cuando años atrás, en este mismo espacio, reprodujimos la hipótesis del cambio climático abrupto, hasta a nosotros nos parecía exagerada la postura científica... Pero lamentablemente, esa degradación que suponíamos tendría lugar dentro de décadas, se despliega frente a nosotros. El Foro Humanitario Global -con sede en Ginebra- sostiene que el cambio climático afecta seriamente a 325 millones de personas por año.

Una proporción sumamente mayoritaria muere de hambre, enfermedades y desastres meteorológicos que derivan del proceso. Se predice que la cuota anual de muertes por el cambio climático llegará a medio millón para 2030, afectando seriamente al 10 por ciento de la población mundial.

Obviamente, la cuestión de la alimentación debería estar en el centro de la escena, no sólo desde la perspectiva de las dietas de cara al inminente verano.

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