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Del Sol hay que cuidarse

Admitamos que la primavera fue más bien corta en estas latitudes y que felizmente de cara a la temporada de incendios, precipitó bastante. Este jueves comenzó el verano y si bien no llegó con temperaturas altas, las marcas del termómetro no son las únicas a tener en cuenta. Desde hace años, el Servicio Meteorológico Nacional y otros portales de información climática incluyen datos sobre la Intensidad de la Radiación Ultravioleta.

Al momento de escribir estas líneas, se presentaba “Moderado” pero precisamente, arrancó la estación en la que suele acusar estatus “Muy Alto”. Hay que prestar atención porque los daños que pueda recibir nuestra piel al exponernos a los rayos del Sol, no guardan relación directa con el calor que percibamos corporalmente. La temática es importante porque a pesar de las insistentes recomendaciones que se difunden para prevenir inconvenientes, día a día se incrementan los casos de cáncer de piel.

Los especialistas aseguran que el aumento se registra inclusive en edades cada vez más tempranas. Es que todavía, yacer bajo el Sol cual si fuéramos lagartos constituye un pasatiempo del que creen disfrutar demasiadas personas. Inclusive, antes del verano hay gente que no trepida en tenderse en camas solares para lucir bronceados que se valoran como atractivos en términos culturales. El problema es que la exposición excesiva al Sol acelera el envejecimiento cutáneo y aumenta la probabilidad de desarrollar un cáncer de piel, según señalan los especialistas en dermatología oncológica.

Se aplican a esta problemática los principios generales de la medicina preventiva, es decir, si la detección se produce a tiempo, entre el 95 y el 98 por ciento de la gente se recupera y después de cinco años de control reciben el alta. Pero justamente, se trata de evitar los peligros que los rayos ultravioletas pueden producir en la salud. Es necesario que todos comencemos a articular la información que recibimos con la práctica cotidiana porque nadie tiene inmunidad y menos aún con la evolución que el clima desarrolla.

En este ámbito, hay que admitir que circula bastante información sobre las conductas que deberían adoptarse para evitar convertirse en un tomate en contados minutos pero lamentablemente, existe una brecha entre ese volumen de información y su puesta en práctica por parte del común de la gente. Es evidente que ante esta dolencia, opera el consabido “a mí no me va a pasar”.

Hasta el momento, los más comprometidos por la afección se sitúan entre los 40 y los 80 años pero lamentablemente, es más frecuente entre jóvenes que cuentan entre 20 y 40 años. Justamente, la entronización de ciertos parámetros culturales a la hora de entender la belleza, provoca que por lograr determinada aceptación social, se recreen prácticas que son perniciosas para la salud, como broncearse.

No hay vuelta que darle: la causa principal de la aparición de cáncer de piel es la exposición continua a la radiación ultravioleta. Durante la vida, esa práctica reiterada produce paulatinamente mutaciones genéticas. Sostienen los especialistas que la radiación ultravioleta activa a los llamados oncogenes, que en su momento comienzan a generar células que son malignas.

Aparecen como más afectados por esta problemática aquellos que desarrollan sus trabajos cotidianos en exposición al Sol o quienes durante las temporadas estivales abusan de los rayos solares. Pero además, hay condicionantes previos: la gente de ojos claros, celestes o verdes, los rubios o pelirrojos, presentan desde el vamos mayores riesgos. En este sentido, existen seis fototipos que indican el tipo de piel. Por ejemplo, las personas con fototipo I tienen la piel blanca y nunca alcanzan a tostarse, siempre se quedan rojos. Por su parte, los de fototipo II se ponen muy rojos y toman un tostado muy leve. En cambio, el fototipo III se pone color rosa y asume un tostado moderado. Por último, el fototipo IV es el que nunca se pone rojo y siempre se tuesta.

Suele considerarse que la herencia genética no es muy frecuente en el cáncer de piel: oscila entre el 4 y el 6 por ciento.

La persona que padece un melanoma tiene entre un 5 y un 7 por ciento de posibilidades de desarrollar un segundo o tercer melanoma. Un porcentaje superior se da en los casos de carcinoma basocelular y espinocelular. En el primero, el porcentaje oscila entre el 17 y el 30 por ciento. En el segundo, entre un 10 y un 12 por ciento. Los tres cánceres se asocian íntimamente al daño solar, que se acumula y es irreversible durante toda la vida. En consecuencia, hay que decir categóricamente que tomar Sol no tiene nada que ver con la vida saludable, como mucha gente todavía supone y como en forma un tanto irresponsable, estimulan los grandes medios de comunicación.

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