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El Ártico ya no existe

Días atrás, un grupo de científicos especializados en los polos emitió una declaración que puede sonar demasiado categórica, aunque parecería irreprochable: el Ártico ya no existe. Los especialistas se reunieron en un centro de congresos de Nueva Orleans que en ocasión del huracán “Katrina”, funcionó como lugar para refugiados. La metáfora es tan contundente como el grito de alarma que se quiso difundir.

Los científicos aseguraron que la región evoluciona de manera definitiva hacia un espacio libre de hielo, hecho que ya implica enormes repercusiones en los ecosistemas, la seguridad nacional de los países vecinos y la estabilidad del clima planetario en su conjunto. La aseveración ratifica con demasiado vigor que con la continuidad de la civilización que conocemos, la humanidad se juega su propia existencia ante los atentados contra la biosfera.

En un informe anual sobre la salud del Polo Norte y zonas circundantes, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) acuñó la expresión “Nuevo Ártico”. A grandes rasgos, el texto sostiene que hasta una década atrás, la región sobrellevaba relativamente bien el cambio climático, si bien se calentaba a casi el doble de velocidad que el resto del planeta. Pero desde entonces, el proceso se transformó en abrupto.

La suerte del Ártico se considera como un anticipo de la que correrá el conjunto de la Tierra, es decir, convertirse en un planeta radicalmente diferente al que conocemos. Al dar a difusión la nueva evaluación, los voceros de la NOAA hicieron referencia al “enorme impacto” que tendrán las modificaciones en el ecosistema polar en la pesca, en los modelos climáticos que rigen mundialmente e inclusive, en el turismo.

Hace rato se sabe que “lo que ocurre en el Ártico no se queda confinado allí, sino que afecta al resto del planeta”, según se encargó de recordar el titular de la NOAA. En sintonía, el director del Programa Ártico de la institución señaló que ya no existe la normalidad en aquellos confines. “El medio ambiente está cambiando con tanta rapidez en tan poco tiempo que no podemos formarnos una idea de cómo va a ser este nuevo estado”, declaró. Inquietante.

Los estudiosos cuentan con registros naturales que brindan información sobre 1.500 años. Éstos se obtienen de sedimentos en los lagos, núcleos de hielo y anillos de árboles, entre otros “testimonios” de la naturaleza. A partir de esas evaluaciones, el informe de la NOAA estableció que el Ártico va cambiando a un ritmo que no reconoce antecedentes en los sucesos que tuvieron lugar en la región durante milenios.

“No sólo estamos viendo grandes cambios, sino que también vemos que la rapidez de estos cambios va en aumento”, aportó aquel directivo. Los augurios que echaron a circular los diversos científicos son sencillamente aterradores. Desde la Universidad de Alaska Fairbanks, se estableció que 2017 fue el año que acusó mayores temperaturas en el permafrost desde que se llevan registros.

Recordemos que el permafrost o permacongelamiento es la capa del suelo que está congelado de manera permanente, aunque no siempre está cubierto de hielo o nieve. Está presente en las regiones muy frías o periglaciares, como la tundra siberiana. Hay permafrost en zonas cercanas al polo de Canadá, Alaska, precisamente Siberia y Noruega, entre otros espacios. También está presente en varias islas del Atlántico Sur, entre ellas las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur.

Si el calentamiento continúa al ritmo del presente, en sólo 10 años se desencadenaría un deshielo extendido. El impacto “será muy, muy grave”. Provocará la liberación de gases de efecto invernadero adicionales que estuvieron atrapados en el hielo durante milenios y además, podría generar la destrucción de infraestructuras locales como rutas y edificios en las zonas más septentrionales del hemisferio Norte.

En forma simultánea, la pérdida de hielo en el mar ya provoca profundos cambios en la cadena alimentaria de la región ártica. Al incidir más la luz solar en las aguas abiertas antes oscuras, éstas retienen más energía térmica y las temperaturas suben todavía más. Ya se advirtió la prolongación de la temporada de crecimiento vegetal, el reverdecimiento de la tundra, la proliferación de incendios y la aceleración del crecimiento del plancton.

Los primeros humanos perjudicados son los pueblos indígenas del Ártico, quienes ven cómo se modifica sustancialmente el hábitat que les proveyó de sustento desde tiempos inmemoriales. Pero los científicos avisaron que el proceso “crea las condiciones para que comiencen a producirse más fenómenos climáticos extremos en Norteamérica”. Por ejemplo, estudios vincularon la fusión del hielo marino con el riesgo de sequía en California. Los investigadores afirmaron que su informe está en la Casa Blanca desde noviembre. Que los funcionarios de Donald Trump no lo interpreten como una extravagancia y sepan actuar en consecuencia.

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