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De redefiniciones, metas y límites

En el rubro Pronósticos para 2018, dio la nota el propio gobierno nacional al modificar el suyo sobre el comportamiento que adquirirá la inflación durante el año que mañana se inicia: de una banda que preveía una oscilación entre el 8 y el 12 por ciento, se apuntará a que el crecimiento de los precios se clave en el 15 por ciento. Ante la consulta de los periodistas especializados, el ministro de Hacienda respondió con un lacónico “decidimos recalibrar”.

Si bien en los medios que siguen de cerca la marcha de los números nacionales no fue una sorpresa la modificación, llamó la atención que el anuncio se diera a conocer antes de que expirara 2017, más o menos en coincidencia con la corrida cambiaria que alteró muchos ánimos. Hay que recordar que, al interior del gabinete nacional, varias voces cuestionaban la meta de bajar la inflación al 12 por ciento que se proponía el Banco Central.

Por otro lado, en el ámbito empresarial, nadie creía que la vieja meta fuera creíble. Es que, para 2017, la inflación finalizará en alrededor del 24 por ciento y, según la mayoría de los economistas que precisamente formularon pronósticos, en 2018, los precios aumentarán entre el 15 y el 16 por ciento. La disminución será sensible si se compara con la marca de los últimos años de la gestión anterior, pero aun así la inflación será significativa.

En la trama íntima del anuncio, hay que recordar que el titular del Banco Central insistía en mantener la dureza de la política monetaria pero, según estimaciones privadas, los precios se aceleraron hasta 3 por ciento durante el mes que hoy finaliza, al menos en el Gran Buenos Aires. Al mismo tiempo, el gobierno continúa con su política de recomponer las tarifas de los servicios públicos, entre ellas, las del transporte, que siempre inciden de manera decisiva sobre la inflación.

Ante las objeciones en el resto del gabinete frente a esos datos, el titular del Central se había mostrado dispuesto a corregir la meta inflacionaria pero a partir de marzo o abril, según versiones periodísticas. De ahí que llamara la atención el anticipo. La explicación que se dio en ámbitos oficiales relacionó la prontitud del anuncio con el logro gubernamental de alcanzar la sanción de las reformas impositiva y previsional.

Con ese bagaje a favor suyo, la Casa Rosada y el Palacio de Hacienda consideraron que el gobierno está en condiciones de avanzar con sus políticas sobre bases sólidas, respaldo que le permitirá continuar con el gradualismo. El anuncio tuvo que ver, entonces, con otorgarles mayor previsibilidad a los grandes “operadores” económicos. La precedente es una de las posibles explicaciones…

Pero, al parecer, también hubo otras razones para “recalibrar” días atrás y no en marzo-abril. Entre ellas, el rojo atemorizante de las cuentas externas. Como ya comentó esta columna, el déficit para el tercer trimestre de 2017 ascendió a 8.683 millones de dólares, un agujero notable que creció 200 por ciento más en relación al mismo período de 2016. Atención Bariloche: se estima que sólo por turismo hacia el exterior, saldrán del país 10.000 millones de dólares…

Federico Sturzenneger siempre contó con Mauricio Macri como principal respaldo para su política monetaria porque, en el ideario de Cambiemos, el comportamiento del Banco Central es decisivo a la hora de contener la inflación. Pero, como está a la vista, los resultados que esperaba el conjunto del gobierno no fueron los esperados. Hay que recordar que la meta para el año que finaliza era del 17 por ciento y quedó superada con creces.

Aquella que los economistas llaman inflación núcleo o “core” está en el 1,4 por ciento, cuando se esperaba que estuviera en 1 por ciento. Ante la evidencia de tales evoluciones, el sector del gobierno que era proclive a metas más realistas finalmente impuso su criterio. También pesó la objeción ante el nivel de las tasas de interés, que son muy altas y desalientan la inversión productiva. Asimismo, se escucharon críticas ante el retraso cambiario.

La foto del anuncio no convence a los analistas. La redefinición de las metas inflacionarias se dio a conocer con la presencia del jefe de Gabinete, Marcos Peña, el ministro de Finanzas, Luis Caputo y el de Hacienda, Nicolás Dujovne, más Sturzenegger. Evidentemente, se intentó otorgar una señal de unidad que, en este caso, significó para el presidente del BCRA el sacrificio de su coherencia porque alguna vez pronunció: “una meta que se cambia no es una meta".

Al término del episodio, quedó claro que, más allá de los ocupantes ocasionales de los ministerios, la política económica corre por cuenta del presidente y de su jefe de Gabinete. Que la suba del dólar no se traslade a los precios…

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