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Señorita Selva, una docente que invirtió en educación

Acto por el Día de la Tradición en diciembre de 2006. Acto por el Día de la Tradición en diciembre de 2006.

- 11 DE SEPTIEMBRE DIA DEL MAESTRO - 

Este lunes, se celebró el Día del Maestro, los docentes no impartieron clases y la ocasión fue propicia para conversar con Selva Acevedo, quien desde 1966 se dedicó a ejercer su profesión. Su carrera finalizó como directora (ganó su puesto por concurso) de la escuela 48 de Península San Pedro. Mucha enseñanza y anécdotas imperdibles a través de los años como educadora. Admiradora de San Martín y de la epopeya que protagonizó el “padre de la Patria”. 

Por Juan Carlos Montiel
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La “señorita” ejerció la docencia por espacio de 33 años. Su familia es patagónica de ley, ya que su madre, Olga Sepúlveda (hoy con 98 años) vivió en Cholila (Chubut), donde Selva se crió junto a otros 14 hermanos, en la histórica casa que supo habitar el famoso bandolero Butch Cassidy. Acevedo se recibió en 1966 en la Escuela Normal Mixta de Bariloche, que en esos años impartía enseñanza en la calle Albarracín, el mismo establecimiento en donde hoy se sigue brindando educación en la llamada Escuela Secundaria de Río Negro (ESRN).

TEXTUAL: "En la Península tuve de alumno a Facundo Jones Huala, se recibió en la primaria, era un buen alumno, un poco cuestionador, ya tenía una presencia como de líder, por eso no me extrañó verlo en el papel que lleva a cabo ahora".

Cuenta la educadora que en 1967 aceptó cargos como suplente, “me ofrecieron ir a una escuela de Colonia Suiza, a otra que estaba en cercanías de la laguna Los Juncos, que hoy ya no está y en la Península San Pedro, mi padre prefirió por distancia y habitabilidad de gente la 48, de la Península, y hacia allí me dirigí”.

Ya desde 1969 a 1975 tuvo el honor de trabajar como secretaria en el Centro Atómico, pero su vocación fue más fuerte y retomó a la docencia. “Hacía doble turno, comía en la Hostería Los Notros y una vez el doctor Ernesto Serigós (1896/1977), me dejó unos libros de regalo, entre los que se encontraba autografiado ‘El médico nuevo en la Aldea’ (editado en 1963 con prólogo de Jorge Luis Borges), lo cual además de sorprenderme me llenó de orgullo, él fue prácticamente el segundo médico que tuvo el pueblo”, relató. Es menester recordar que Serigós compartió experiencias con el primer médico de la zona, el belga José Manuel Vereertbrugghen.

“Soy una mujer que ama la Línea Sur”, indicó ya al aire en el programa El Expreso Periodístico que se trasmite por Rivadavia-Bariloche la radio de El Cordillerano (93.7). Sostuvo dicho concepto para agregar que en 1976 se fue a dictar clases a Ingeniero Jacobacci, hasta 1990. Impartió enseñanza a alumnos de primer grado, de sexto y séptimo, en Lengua y Sociales.

Dentro de las personas conocidas de Bariloche, Selva fue compañera, en cuarto grado, de Daniel Carozo Pino y la madre, Dina Lernes, “fue mi maestra”. Y además “cuando yo me recibí fui a trabajar la escuela 48, donde Dina era la directora, para mí fue un momento hermoso porque yo tenía recuerdos hermosos de la mamá de Daniel”.    

Como docente “quería que a los chicos le quedara entusiasmo por las cosas que hacían, que todo lo que hicieran lo hicieran con ganas, no con desánimo, eso en definitiva es aquello que nos ayuda en la vida, por ejemplo cuando estuve en la Línea Sur, no había muchas comodidades, pero los chicos nos ayudaban porque ellos tenían esa vitalidad para salir adelante ante la adversidad”, en referencia al riguroso clima.

La maestra recordó distintas tareas llevadas a cabo con los alumnos, feria de ciencias, revistas, programas radiales en Radio Nacional, que “los grabábamos el viernes y los pasábamos los domingos, con distintos personajes del pueblo y otros que llegaban al pueblo, entre ellos estaba mi hija, mi orgullo” (Paula Rocha, hoy periodista).

Por último Acevedo relató que “hace poco fui a Jacobacci, me cuesta ir porque me da mucha tristeza haber dejado y un día a la mañana fui a la panadería y sale el dueño y me dice, ‘señorita Selva’, dio la vuelta y me abrazó. Yo le dije, ‘vos sos Mauro Alarcón’, y él me respondió asombrado ‘¿cómo se acuerda de mí?’”.

Compañeros y anécdotas

Pedro Sisa, Susana Pino, María Mogensen, “mi amiga del alma de la primaria”, Chacha Rivarola “que tocaba el piano y que se escondía en el armario cuando sabía que le iban a tomar una lección”; también mencionó entre sus compañeros a Hugo Uribe, contó sobre este último que primero era seminarista “después ya era un personaje, un día llegó tarde a la clase de Filosofía, que la daba el rector, abrió la puerta y dijo ‘con permiso señores llega el tango, que llega por las calles del recuerdo’. Algo que en esa época fue tremendo, cuando nos despidieron nos dijeron que había sido uno de los cursos más incorregibles”. 

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