La Argentina de los caciques. O el país que no fue

MARTÍNEZ SARASOLA PRESENTÓ SU LIBRO MÁS RECIENTE

MomentosEl antropólogo atesora una hipótesis: aun en el marco de violencia que primó durante el siglo XIX, las autoridades originarias de las actuales provincias de Buenos Aires, La Pampa y Neuquén apostaron a la construcción de una nueva convivencia. Pero la elite que gobernó la Argentina a partir de 1861 decidió otra cosa.

Por Adrián Moyano

Durante más tiempo del recomendable, el común de los historiadores hizo suya una queja vana: no se puede escribir historia de los pueblos indígenas porque se trataba de gente ágrafa, es decir, que no escribía. Y se sabe, la ausencia de documentos provoca en los reconstructores del pasado la misma angustia que en un escritor la página en blanco o en un jugador de fútbol no tener a quién pasársela. Pero a diferencia del cometido que tienen por delante el poeta, el narrador o el volante de creación, la parálisis del primero respondía a una falacia. No sólo porque es posible arriesgar historias de los pueblos indígenas a través de otras metodologías, sino también porque en los espacios territorios que nos toca vivir, mapuches o tehuelches no demoraron demasiado en expresarse a través de la palabra escrita.

Para dar vida a “La Argentina de los caciques. O el país que no fue”, Carlos Martínez Sarasola relevó nada menos que 700 cartas que se escribieron en las tolderías de Pampa y Patagonia entre 1780 y 1885. Llevan las firmas de “grandes caciques” -según la terminología del antropólogo- y tuvieron como destinatarios a presidentes de la Nación, jefes de Frontera o sacerdotes, que la mayoría de las veces respondieron para producir “un diálogo bastante activo”.

El investigador se corrió hasta Bariloche durante el último fin de semana para dar a conocer entre nosotros su libro más reciente, sucesor del ya clásico “Nuestros paisanos los indios”. Cumplió su cometido en el segundo piso de Casa Raúl, que se reveló como un pequeño pero coqueto auditorio capaz de albergar finalidades semejantes. “La Argentina de los caciques” ganó la calle sobre fines del año pasado y se presentó con suceso durante la pasada edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

En el trabajo, “lo que hago es tomar la palabra de algunas grandes caciques” a través de una lectura concienzuda de aquellas cartas, más el aporte de diálogos, entrevistas y otros testimonios. Para apuntalar su hipótesis, Martínez Sarasola se quedó con 200 frases que fueron pronunciadas por “53 caciques” que residieron en las actuales provincias de Buenos Aires, La Pampa y Neuquén. Desde ya, “quedó mucho material afuera. Se podría publicar un segundo tomo”, aventuró.

Sostiene el antropólogo que aún en el marco violento que se imponía ante el avance lento pero sin pausas de españoles primero y criollos después, los “caciques” apostaron a la construcción de un nuevo ordenamiento social donde cupieran tanto la defensa de sus derechos como las aspiraciones de los recién llegados. El hilo narrativo de Martínez Sarasola arranca con Lorenzo, una célebre autoridad originaria de las épocas virreinales, quien supo señalar que “hay lugar suficiente para indios y cristianos”. Esa “declaración” fue recogida por delegados del virrey en el transcurso de un parlamento.

Codo a codo

Para el autor, fue emblemática en el sentido que apunta la reacción indígena ante las invasiones inglesas a Buenos Aires, que tuvieron lugar en 1806 y 1807. El investigador ya se refirió al episodio en “Nuestros paisanos los indios” pero según su exposición, en el nuevo libro el asunto cobra más relevancia. Ocurrió que al desembarcar las tropas británicas, hubo conferencias entre los cabildantes de la capital virreinal y los jefes de las tolderías más cercanas, quienes manifestaron sin dudar: “queremos pelear unidos con ustedes”, según quedó anotado en las actas del Cabildo. El expositor señaló que las alternativas de los intercambios entre los lonko y los porteños aparecen en aquellos documentos coloniales. A partir de su lectura se comprende por qué finalmente no hubo participación indígena en la resistencia contra los británicos, ya que un cabildante manifestó sus dudas en voz alta: qué sería de una Buenos Aires militarmente ocupada por miles de jinetes indios armados…

Después de aportar a título de recuento una cantidad considerable de citas igualmente conciliatorias, Martínez Sarasola interpretó que en forma paralela a la construcción del estado nacional, en tiempos de Mitre, Sarmiento y Avellaneda, las tolderías implicaban “otro modelo étnico cultural de integración”. En ese sentido, indicó que en los poblados de Tierra Adentro vivían los indígenas del lugar, pero también los provenientes “de otras tribus” y también “mestizos”. Por otro lado, la presencia de “blancos” no resultaba una extrañeza, ya que abundaban por allí lenguaraces, militares, refugiados y también cautivos. Inclusive, “gauchos, afro-descendientes, zambos y extranjeros”, reseñó Martínez Sarasola.

Según el investigador, las causas económicas, políticas y militares que generalmente se apuntan como desencadenantes de la Campaña al Desierto, son superficiales. Fue la decisión política de construir “un proyecto de país de color blanco en la piel, de homogeneidad de pensamiento y uniformidad” la que sepultó a “el país que no fue”. Frente al designio de los vencedores de Pavón y sus continuadores, entre ellos, Julio Roca, “las tolderías representaban lo diferente… Esos dos mundos no podían coexistir”. De ahí “la limpieza étnica” que implicaron las expediciones militares que se desarrollaron entre 1878 y 1885.

Para finalizar su alocución –que debieron escuchar muchos más vecinos de Bariloche- Martínez Sarasola se hizo una pregunta en voz alta. ¿Podrá ser que alguna vez retomemos la construcción de ese país que no fue? Su respuesta es afirmativa. Considera el antropólogo que en los últimos años avanzaron en forma considerable las reivindicaciones de los pueblos indígenas, al igual que la legislación nacional e internacional en la materia. Y tomó prestada una consigna del zapatismo para redondear su idea de país antes de despedirse: un mundo donde quepan muchos mundos…

Imágenes poco vistas

La presentación de “La Argentina de los caciques. O el país que no fue” se tornó particularmente gráfica. Carlos Martínez Sarasola sustentó su exposición en una sucesión de imágenes que en su mayoría, se tomaron a partir de 1860. La mayoría de ellas ya fueron reproducidas en repetidas oportunidades pero el autor compartió algunas muy poco vistas, entre ellas, un registro que retrató una delegación diplomática que seguía instrucciones del mismísimo Kalfükura. Y de paso, para despejar equívocos que periódicamente se actualizan ante la falta de rigurosidad, el autor subrayó que no existe retrato alguno del mítico jefe de Salinas Grandes. Otro de los “grandes caciques” que a pesar de la diatriba especialmente mitrista, apostó por la convivencia con los winka.