Menu
Facebook Twitter

EMOCIONES ENCONTRADAS: Artista pionero

Edgardo Lanfré. Edgardo Lanfré.

Los pueblos de la región andina, por lo menos, una vez al año, realizan alguna fiesta. Más o menos, la rutina o el programa es el siguiente: viernes a la noche, peña folklórica, con números locales y de la región; sábado a la noche, elección de la reina y baile popular; y, el domingo a la mañana, acto formal, con discursos, banda militar, desfile, asado, jineteada. Y opcional: carreras cuadreras. 

Por Edgardo Lanfré

El gaucho que viene del monte, especialmente para la ocasión, estila siempre tomar bastantito de entrada y, después, lo va llevando despacito, manteniendo niveles hasta la noche del domingo, donde queda dormido, vaya a saber dónde, esperando que se le pase la borrachera para volverse a su casa. 

Alguien me dijo una vez: "para que haya fiesta, tiene que haber mamaos...". Lamentablemente, las fiestas actuales se han convertido en espectáculos, donde el pueblo es un simple espectador de artistas foráneos y no encuentra espacios donde participar y darse un abrazo con sus vecinos.

Me contó Leonardo Jalil Bayer lo sucedido en El Bolsón, allá por la década del 70. Esta localidad comenzaba a adquirir ese perfil tan hermoso y distinguido que le dieron aquellos hippies pioneros. Fueron artesanos y otras gentes, con un altísimo amor a la tierra y a la naturaleza, los que ayer y hoy hacen de esa comarca un atractivo turístico internacional. Sin embargo, al principio, hubo un choque de culturas entre estos nuevos moradores y los lugareños, sobre todo el hombre rural, el gaucho.

Precisamente, uno de ellos había bajado “pal poblao” el viernes tempranito, como para pasar el fin de semana comiendo, tomando y bailando, siguiendo todas las actividades, oportunamente difundidas por radio. 

Había terminado el baile como a las siete de la mañana y el hombre salió del mismo totalmente extraviado, pero se acordó de que, el domingo a la mañana, había desfile y variadas actividades, así que se arrimó a la plaza, “ganándose” abajito de un árbol, a la sombra, esperando que todo comience. 

El locutor, quien me contó esta historia, mientras hablaba por los micrófonos, anunciando el pronto comienzo del desfile por la avenida principal, lo veía al gaucho allá enfrente, recostado contra un árbol, con una pierna estirada y la otra recogida, con el pie apoyado en el tronco y el rebenque colgando de la muñeca; los ojitos chiquitos como “puñalada en tarro”. 

Por la otra punta de la plaza, andaba un mimo, raro para la época, desplegando su arte entre los presentes en inmediaciones de la plaza. La verdad, era toda una novedad para la región, ya que el arte callejero todavía no estaba impuesto. 

Mientras el locutor seguía leyendo comunicados, salutaciones y auspicios, cada tanto levantaba la vista y veía que el mimo, tan metido en su rutina, se iba acercando al gaucho, que cabeceaba, dormitando la mona. De pronto, el mimo lo descubrió y comenzó a darle vueltas y a hacerle morisquetas por un lado y por el otro, parándose adelante y atrás, imitándole la parada, sin reparar en que el gaucho, había tomado el rebenque por el lado de la guacha, dejando libre el talero y en una de las pasadas del mimo, se lo acomodó detrás de la oreja, lo que provocó el inmediato desplome del artista. Urgente vino la policía y se llevó detenido al gaucho quien, al ser interrogado por el comisario, preguntándole porqué le había pegado, respondió: "y qué, si era más aburrido el payaso, ni siquiera hablaba...”.

volver arriba
pueeelo

Si Ud. siente que algún comentario, hecho por lectores, en este artículo o en alguna de nuestras redes sociales lo perjudica, denúncielo haciendo click aqui o telefónicamente al 0294-4431409. 

denuncia-whp

 

Datos de contacto

Diario El Cordillerano
Bariloche Argentina.
F.P.Moreno 975 S.C. de Bariloche
Tel: +54-294-4431409
Email: [email protected]