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Efemérides que sesgan la historia

En ocasiones, los sitios que se consagran a difundir efemérides no hacen más que entregar una visión muy sesgada sobre ciertos personajes del pasado. Para la víspera, varios puntualizaban la muerte, en Montevideo, del “poeta y periodista Juan Cruz Varela”. La semblanza apuntaba que el homenajeado fue “mentor de las reformas liberales de Rivadavia. Estrenó dos tragedias: ‘Dido’ y ‘Argía’. Fue secretario del Congreso General Constituyente de 1826. Publicó el canto ‘En la muerte del general Belgrano’ y el poema titulado ‘Al 25 de mayo de 1838’, dirigido contra Rosas”, entre otras supuestas contribuciones.

 

A partir de ese retrato, la gente que no esté familiarizada con la historia tenderá a suponer que Varela fue un hombre de la cultura y de la política que brindó algunos servicios a su patria. Pero también hay que decir que se anticipó en varias décadas a la clasificación binaria que, más tarde, haría suya Domingo Sarmiento. En la década del 20, Varela escribía para “El mensajero”, una de las tribunas de los unitarios: “La primera observación es que todos los pasos, la tendencia y el modo de obrar de los caudillos, autores y sostenedores de la guerra civil, manifiestan que esta guerra es del pobre contra el rico, de la barbarie contra la civilización, de la ignorancia contra las luces. Conviene que todos se aperciban de antemano de las consecuencias que esto puede tener si los amigos del orden no permanecemos firmes, como afortunadamente se sostiene hasta hoy. La segunda observación consiste en que no puede ser mayor la imprudencia de los hombres que invocan el nombre de los pueblos para cometer sus atentados y llenar sus miras particulares. Los pueblos, se dice, ¡pobres pueblos! ¿El de Santiago, por ejemplo, no deseará salir del estado lamentable a que lo ha reducido su jefe?”, entre otras cavilaciones.

Obviamente, los caudillos y el gauchaje eran los “pobres”, la “barbarie” y la “ignorancia”, que osaban desafiar a los “ricos”, a la “civilización” y las “luces”. Sarmiento no inventó nada… ¿Por qué Varela estaba tan enojado con los “caudillos”? Porque los gobiernos provinciales no tenían la menor intención de sujetarse a la Constitución unitaria de 1826 que, entre otras disposiciones, preveía la eliminación de las autonomías y el nombramiento de las autoridades provinciales desde Buenos Aires. También nacionalizaba las minas de Famatina, una de las aspiraciones de Rivadavia y Varela, que ya tenían el negocio cerrado con una compañía británica. Por eso, cuando viajaron desde el río de la Plata los enviados rivadavianos para explicar la nueva Carta Magna, Juan Bautista Bustos movilizó en Córdoba un ejército para defender la “libertad de las provincias”. Facundo Quiroga expresó: “no puedo tratar con quienes me combaten” y el caudillo santiagueño Felipe Ibarra, que tan mal le caía al poeta y constituyente, había puesto en ridículo al enviado de Buenos Aires.

La patria no sólo le debe a Varela sus “servicios” periodísticos. En la noche del 30 de noviembre de 1828, tuvo lugar una reunión subrepticia en una casona de Buenos Aires. El anfitrión era Valentín Gómez, quien recibió en su hogar a Julián Agüero (ex ministro de Rivadavia), Salvador María del Carril, Florencio y Juan Cruz Varela, al coronel prusiano Federico Rauch y a Juan Lavalle, entre otros. Después de celebrar el rito masónico, delinearon un plan que consistió en apresar a Manuel Dorrego, gobernador de Buenos Aires, y también a Juan Manuel de Rosas, hombre fuerte del campo bonaerense. También previeron detener a todos los caudillos del interior y, casi como al pasar, Agüero dijo que había que fusilar a Dorrego y a Rosas... Sólo una voz se alzó en contra, la de Lavalle, hermano de crianza de Rosas.

De esa conspiración fraticida, participó en forma decisiva “el poeta y dramaturgo”. Cuando Lavalle asumió el poder, Varela dio una acabada muestra de su talento poético: “La gente baja / ya no domina / y a la cocina / se volverá”. La “civilización” en su máximo esplendor... Días más tarde, cuando el héroe de la guerra del Brasil ya había capturado a Dorrego pero titubeaba a la hora de fusilarlo, Varela brindó un aporte más a las “luces” por medio de sus cartas al inminente magnicida. “(…) Este pueblo espera todo de usted, y usted debe darlo todo. Cartas como estas se rompen y, en circunstancias como las presentes, se dispensan estas confianzas a los que usted sabe que no lo engañan, como su atento amigo y servidor”. Obvio, Lavalle no rompió la carta... Entonces, la efeméride de ayer debió agregar otros datos: “coautor de un golpe de Estado en que participó el Ejército y mentor intelectual del fusilamiento de Dorrego”, entre otros aportes.

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