Menu
Facebook Twitter

El retorno de la Doctrina Monroe

Más allá de las frivolidades que incluyeron Bariloche, la gira que recientemente cumpliera el secretario de Estado norteamericano por cuatro países de América Latina debe analizarse en clave un tanto más seria. Rex Tillerson no sólo disfrutó del entorno natural de esta ciudad, además fijó cuáles serán las prioridades de la política exterior estadounidense en relación a la región en la era del presidente Donald Trump.

El funcionario estadounidense comenzó su periplo en México y luego siguió de viaje por la Argentina, Perú y Colombia. Pero sus efectos políticos habían arrancado antes, cuando pronunciara un discurso en la Universidad de Texas. A grandes rasgos, Tillerson admitió un retorno a la Doctrina Monroe, aquella que justifica la conducta paternalista y colonial que orientó a la política exterior de Washington hacia la región durante casi dos siglos.

Concretamente, el secretario de Estado calificó a la presencia comercial de China y Rusia en América Latina y el Caribe de amenaza para “nuestros valores democráticos”. Textualmente, señaló que “Latinoamérica no necesita nuevos poderes imperiales que sólo buscan beneficiar a sus propios pueblos. El modelo de desarrollo de China es una reminiscencia del pasado. No tiene que ser el futuro de este hemisferio (…) También es alarmante la creciente presencia de Rusia en la región, porque continúa las ventas de armas y equipos militares hacia regímenes no amistosos que no comparten o respetan valores democráticos” (la traducción es nuestra).

Pero Tillerson pasó de las insinuaciones a las sentencias categóricas cuando en la ronda de preguntas que siguió a su exposición, respondió a propósito de la Doctrina Monroe: “pienso que es tan relevante hoy como aquel día en que fue escrita”. Por las dudas, recordemos que tal manera de pensar data de 1823 y que si bien se atribuye su formulación al presidente James Monroe, su elaboración fue obra de John Quincy Adams, en un contexto de restauración monárquica en Europa, cuando varias de las capitales del Viejo Continente soñaban con recuperar sus colonias en el marco de la Santa Alianza.

Ante esa posibilidad, se sintetizó el pensamiento estadounidense en la frase “América para los americanos” y en aquellos tiempos, equivalía a decir que cualquier intervención europea en el continente sería vista por Washington con un acto de agresión que provocaría su intervención militar. Si bien Adams había pensado en términos anticoloniales y republicanos, su pensamiento no demoró mucho en transformarse en la excusa perfecta para el intervencionismo estadounidense en su “patio trasero”, es decir, el Caribe y América del Sur.

Tillerson no hizo más que retomar la costumbre de su país de escudarse en tres de los valores supremos de la modernidad, es decir, la seguridad, la libertad y la prosperidad, para justificar sus propios atropellos a los derechos de los pueblos. En el siglo XXI, los principios liberales no pueden disfrutarse si no es a través de la institucionalidad democrática y la globalización del libre mercado, cuyo custodio sería una vez más Estados Unidos, frente a las apetencias rusas y chinas, que serían imperialistas, armamentistas y no democráticas…

El lector o la lectora memoriosa de esta columna, quizá recuerde que durante el ciclo supuestamente “progresista” advertíamos que no se trataba de cambiar de collar ante el desaforado crecimiento de la influencia china en la región, a través de su agresiva política comercial e inclusive, del otorgamiento de nuevas vías de financiamiento. Pero si no supiéramos de la persistente tendencia estadounidense de voltear gobiernos antipáticos, las aseveraciones de Tillerson hasta podrían tomarse como una broma.

Sin ir más lejos, la política migratoria que adoptó la administración Trump poco tiene de liberal o democrática. Incluye un muro en su frontera con México, la supresión de los permisos de residencia a los inmigrantes de origen sudamericano, la expulsión de menores centroamericanos y la incorporación de 10 mil efectivos a “la migra”, entre otras medidas que demuestran de manera palmaria qué significa hoy aquello de “América para los americanos”.

En agosto último Trump habló de una “posible solución militar” para la crisis venezolana, opción descabellada que de concretarse, no sólo afectaría a Caracas sino a toda la región. Y sobre la venta de armas, ¿hay que recordar las frioleras que facturaron las corporaciones estadounidenses en Centroamérica, México y Colombia con la supuesta excusa de combatir el narcotráfico?

Hasta cierto punto, nada nuevo en la retórica neoconservadora de Tillerson. La faceta profundamente perturbadora tiene que ver con la incapacidad que evidencian los gobiernos latinoamericanos ante la necesidad de recrear un espacio de diálogo y política que ponga en primer plano los intereses de la región. Washington, Beijing y Moscú piensan en sí mismos. En Brasilia, Buenos Aires o México, ¿en qué están pensando?

volver arriba
pueeelo

Si Ud. siente que algún comentario, hecho por lectores, en este artículo o en alguna de nuestras redes sociales lo perjudica, denúncielo haciendo click aqui o telefónicamente al 0294-4431409. 

denuncia-whp

 

Datos de contacto

Diario El Cordillerano
Bariloche Argentina.
F.P.Moreno 975 S.C. de Bariloche
Tel: +54-294-4431409
Email: [email protected]